¿Quieres que tu oficina se parezca a tu casa o no?

¿Quieres de verdad que tu oficina se parezca a tu casa o no? (Imagen base original de Andrea Davis)

Durante mucho tiempo hemos visto una tendencia arquitectónica/workplace que ha buscado diseñar oficinas que no parecieran oficinas sino viviendas.

Esto, ahora, parece que no era tan querido.

¿Eran los usuarios quienes querían esta tendencia, o los arquitectos?

El mundo de la arquitectura tiene sus vertientes, sus corrientes, sus modas, sus «bueno para todo» y sus «malo para todo».

El mundo de «la empresa» o «corporativo» no cuadraba muy bien con el mundo del «arte» en que se encuadra una parte de la profesión de la arquitectura.

Por tanto, todo lo que «oliera» a oficina no era bien visto.

Una silla de oficina, por ejemplo, hacía parecer que estuvieras en una oficina, y que una oficina pareciera una oficina no era algo que les pareciera bien.

La idea esgrimida para proyectar espacios de oficina que parecieran viviendas (muebles de viviendas, iluminación de viviendas, etc.) podía provenir de 2 orígenes, de los cuales solo vamos a comentar 1.

Esos orígenes eran:

  1. No saber proyectar algo que no fueran viviendas, y mucho menos, espacios de trabajo (hay malos profesionales en cualquier profesión).
  2. Que los usuarios de la oficina se encontrarían más cómodos en un espacio que les recordase más a lo acogedor de su hogar en vez de a una fría oficina o máquina de trabajar.

Se partía de la premisa de que la oficina fuera, por definición, un lugar desagradable, se proyectase como se proyectase, y para evitar esa sensación desagradable había que disfrazarlo de otras cosas, como hoteles, restaurantes, viviendas o salones recreativos.

Esta idea fue vendida a muchas empresas y fue la base para que muchos arquitectos hicieran oficinas «originales» o «innovadoras» que no parecían oficinas.

Pero la duda, que con el tiempo se ha ido respondiendo sola, es si era algo que querían los usuarios de las oficinas para sentirse mejor o si era algo que querían los arquitectos para sentirse fuera del monstruo corporativo y permanecer del lado de lo que entendían que era «arte».

El olvido de la ergonomía, el olvido de la relación entre forma y función.

Una de las expresiones más comentadas (a favor y en contra) en la arquitectura es «la forma sigue a la función».

En el caso de las oficinas que parecían viviendas, ya no se trataba de que se estuviera a favor o en contra de esa expresión, sino que directamente se olvidó o se ignoró.

Esto tuvo una repercusión directa sobre un concepto que debe ser prioritario si se pone a las personas en el centro de las intenciones: la Ergonomía.

De manera intuitiva, es claro que si las actividades que se realizasen en una oficina fueran similares a las actividades que se realizan en un vivienda, ambos espacios deberían parecerse.

Pero ¿son similares las actividades que realizas en tu vivienda y las que realizas en tu oficina?

Dependiendo de la respuesta, tendrá más o menos sentido que se parezcan entre sí esos dos espacios.

No solo la actividad, sino el tiempo que se realiza.

Sí, claro, puedes pensar que en tu oficina usas un ordenador y en tu casa también.

Pero piensa también si durante el mismo tiempo.

¿Ha de ser igual la silla en la que te sientas en tu oficina para usar un ordenador durante varias horas seguidas que la silla en la que te sientas a comer en tu cocina o en tu salón?

Si en tu casa te sientas delante del ordenador durante media hora, la exigencia ergonómica de la silla no es comparable a si vas a estar cuatro horas seguidas o más, cada día.

La falsa apariencia proviene de ahí: tuviste que trabajar un fin de semana desde tu casa y lo hiciste con una silla plegable en la mesa de la cocina, y ya está, y te pareció que todo iba bien.

Pero luego llegó el teletrabajo y te sentaste en esa silla a trabajar en esa mesa 40 horas semanales (por ejemplo) y las sensaciones cambiaron.

Los sonidos de oficina como ejemplo máximo de contradicciones.

Durante el tiempo de pandemia, confinamiento, trabajo desde casa, etc., se ha incrementado la venta de archivos de audio que te sirven para poner de fondo en tu casa sonidos de oficina, para así no echar de menos el mundo corporativo.

¿Cómo cuadra esto?

A ver, si estabas pidiendo oficinas que parecieran tu casa ¿por qué cuando estás trabajando de hecho desde tu propia casa estás añorando los sonidos de la oficina?

Algo no cuadra.

¿Seguro que eras tú quien pedía que la oficina se pareciera a una vivienda?

¿Seguro que eras tú quien prefería estar sentado/a 8 horas cada jornada laboral en una silla de comedor en lugar de en una silla ergonómica de oficina (con sus ruedas y todo) aunque «pareciera de oficina»?

El teletrabajo improvisado ha hecho aflorar muchas opiniones contradictorias.

El teletrabajo es una gran opción para muchas actividades.

Sin embargo, la pandemia obligó a trabajar desde casa a muchas personas en condiciones que no eran las más adecuadas, y este hecho ha sido aprovechado por todos los que están en contra del teletrabajo (no vamos a detallar más esto) para asociar el término (teletrabajo) con todo lo negativo de esa improvisación (que no fue ni teletrabajo ni nada).

Cuando comenzó la vuelta a las oficinas, veíamos en las redes sociales cómo había personas que subían fotos de sus oficinas del mismo modo que antes subían las fotos de sus destinos vacacionales, con comentarios también similares.

¿Cómo es posible esto, si estabas en tu casa hasta ahora?

¿Dónde mejor que en tu casa?

¿Prefieres estar en una oficina que en tu casa?

La separación mental de actividades por espacios.

Si recorres un palacio de hace varios siglos verás que hay multitud de salas especializadas por función que realmente no lo están.

Estaba la sala para leer y luego estaba la sala para fumar, y la sala para coser, y la sala para tomar el té, y la sala para la tertulia…

¿En qué se distinguían entre sí?

Arquitectónicamente, en nada sustancial; era solo una convención en el uso.

Si ibas a fumar, te ibas a la sala de fumar; si ibas a tomar té, te ibas a la sala de tomar té…

Con el paso del tiempo, en tu vivienda has ido mezclando actividades mucho más.

Con la excepción de espacios más especializados (los aseos y, ya solo en algunos casos, la cocina), la percepción que tienes de tu casa es mucho más polivalente.

En el mismo sofá en que te sientas a leer, te sientas a ver la TV o te sientas a conversar, o te sientas a jugar a videojuegos, incluso a sestear…

Salvo excepciones, en la vivienda no suele haber un sofá para leer, otro sofá para ver la TV, otro sofá para tomar el té, etc.

Del mismo modo, en el salón de tu casa es habitual que haya una TV, una mesa para comer, una estantería con libros, etc. todo ello en la misma sala.

Cuando vas a hacer tu sesión de yoga extiendes una estera en el suelo del mismo salón, y cuando terminas, la recoges y pasas a la siguiente actividad.

Sin embargo, con el trabajo no ha ocurrido lo mismo.

Son muchas las personas que tienen dificultades para mentalizarse de que en la misma mesa en que ponen su ordenador para navegar por las redes sociales también puedan trabajar.

Hay muchas connotaciones sociales al respecto y muchas son tratadas en el recomendable libro «Tu casa ya no es solo un Dormitorio» y no nos vamos a extender más aquí.

Pero sí que hay que mencionarlo porque es la base sobre la que se asienta el argumento de que muchas personas rechacen el teletrabajo y sus ventajas, simplemente porque tienen el axioma de que «en casa no se trabaja», y punto.

Entonces ¿encaja esto con que quisieras que tu oficina te recordase a tu casa?

No encaja.

¿Cómo ibas a tener la sensación, al llegar a tu casa, de haber dejado atrás la oficina y el trabajo si el aspecto de tu hogar se parecía tanto al lugar al que ibas a trabajar?

Algo no cuadra.

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