Empresas que deciden lo que comes y qué ejercicio físico haces.

¿Te parece bien que la empresa decida tu dieta y tu deporte?

Hay empresas que establecen mecanismos para que los empleados hagan deporte y coman de cierta manera (Imagen base de Rich Mohr)

¿Hasta dónde te parece bien que la empresa para la que trabajas se meta en tus decisiones de vida y del día a día?

Cada vez más, las empresas van adoptando medidas de cara al bienestar del empleado que van más allá de lo laboral.

Dieta y ejercicio físico son 2 de los campos más comunes de desarrollo dentro de las políticas de bienestar en las oficinas.

Por ejemplo, hay empresas que instalan dentro de sus espacios de trabajo tanto duchas como vestuarios para así facilitar que sus empleados hagan deporte, por ejemplo, en el intervalo de tiempo entre el horario de mañana y el de tarde.

También las hay que habilitan espacio de aparcamiento de bicicletas, para fomentar así que los trabajadores se desplacen a la oficina pedaleando.

Por otro lado, existe cada vez más demanda de alimentación «in company» de carácter saludable.

Las tradicionales máquinas de vending que expedían bollería y chocolatinas van sustituyéndose por otras que contienen, por ejemplo, diversos tipos de ensaladas.

Cuando se habla de catering, de comer en la oficina, las empresas van facilitando cada vez más el acceso a alimentación «saludable» cada día en sus comedores.

Incluso hemos visto que hay empresas que, por así decirlo, obligan a realizar ejercicio incluyéndolo dentro del horario laboral.

Como concepto, todo esto suena muy bien, pues indica una preocupación por la salud y el bienestar de los empleados.

La cuestión es cómo traducir esa preocupación en mecanismos reales que funcionen, y cómo interpretar si realmente es algo que compete a las empresas o no.

Si nos ponemos a analizar, por ejemplo, lo que significa «comida saludable», podemos establecer un debate de páginas y páginas (libros enteros hay que se dedican a ello), pues lo que algunos consideran saludable no lo es para otros, incluso algo que hasta ahora se considerase saludable ahora se entiende como algo incluso nocivo, y las estrategias dietéticas son tantas y tan amplias (y tan personales) que merece la pena preguntarse si las empresas deben entrar en ese terreno o no.

A lo largo de los años hemos visto cómo, según épocas, algunos alimentos han pasado de ser «buenos» a «malos» y viceversa, y cómo en cualquier librería existen una gran variedad de libros abogando cada uno por un tipo de alimentación, y además, explicando por qué el resto está en un error.

¿Qué responsabilidad tiene la empresa si la dieta provoca daños a la salud?

Vamos a pensar en esto por un momento.

Por un lado, parece ser que la misma comida no afecta igual a todas las personas, lo que implica que cada cual ha de analizar su caso, individualmente (¿no conoces, por ejemplo, a alguien a quien una determinada comida le produzca gases o ardores, mientras que a ti no?).

Por otro lado, con el paso del tiempo, se va descubriendo que algunas dietas provocan algún tipo de carencia alimenticia o incluso daños al organismo.

¿Qué pasa si la «alimentación saludable» que ofrece la empresa resulta que produce daños al riñón, o carencia de alguna vitamina?

¿Podríamos pensar que sería responsable de generar enfermedades laborales?

Cualquiera que se interese un poco por los temas de dietética entenderá rápidamente a lo que nos referimos, cuando algún dietista analiza la dieta de otro dietista y siembra la duda de las consecuencias nocivas que puede tener en las personas que la sigan.

¿Qué comes y qué ejercicio haces no es algo que te compete a ti, en tu vida privada?

La pregunta de fondo en todo esto es hasta qué punto te parece bien que la empresa para la que trabajas se meta en estos asuntos.

Tal vez se entienda mejor si pensamos en la actividad deportiva.

Hemos visto publicaciones que nos hablan de empresas que obligan a los empleados a realizar al menos 1 hora de yoga o de Pilates a la semana a sus empleados.

¿Por qué yoga?

¿Por qué Pilates?

¿Por qué correr, o nadar, o patinar, o montar en bicicleta…?

¿No es excesivo determinar hasta ese punto la actividad de los empleados?

¿Qué opinas tú?

Es fácil suponer que entre los lectores de estas líneas habrá personas que no realicen nada de deporte, pero también habrá quienes sí hagan ejercicio físico, y habrá una casuística muy variada.
Seguramente algunos saldrán a correr, otros serán más afines a las máquinas de los gimnasios, otros harán yoga, otros bailarán…

Si eres, por ejemplo, de las personas que se mantienen en forma a base de yoga, que la empresa te diga que has de salir a correr puede que incluso te moleste.

La conciliación no es obligación.

Es diferente facilitar de obligar.

¿Dejas un cierto tiempo dentro del horario laboral para que los empleados puedan irse a hacer deporte?

Eso es diferente de juntarlos a todos a las 10h del lunes y ponerlos a hacer yoga durante 1 hora.

¿Ofreces mayor diversidad en las comidas de la empresa?

Eso es diferente de establecer menús veganos para todos (por ejemplo).

De hecho, ni siquiera hacer falta establecer horarios dentro de la jornada laboral para hacer estas actividades, sino que existe un concepto que permite conciliar la vida personal con la laboral: la flexibilidad horaria.

No solo sirve para hacer deporte o comer sano, sino también para poder realizar las gestiones bancarias, o para poder dejar y recoger a los hijos en el colegio, o para gestionar la entrega o recogida de la compra (en la que, cada cual, elige lo que quiere comer en su casa, por cierto).

Vale, pero ¿qué opinas tú?

Llevamos ya un rato hablando de esto, y realmente lo que importa es lo que pienses tú, de modo que será ahora el turno de la parte interesante: ¿qué opinas tú?

Vamos a ver si entre todos establecemos una conversación enriquecedora para todos.

Te escuchamos.

 

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