Hacer lo básico bien en el hotel, y después lo demás también. Al revés no vale.

Está genial que para beberte un cóctel (mejor sin alcohol 😊) te incluyan una pajita que sea reciclable y que cuide el medio ambiente, claro que sí.

Pero si no sabes hacer el cóctel, si está mal hecho, o directamente no lo haces, las características de la pajita que incluyas en la copa para beberlo no tienen tanta importancia.

Está genial que intentes acotar la cantidad de agua que empleas en lavar la ropa de la habitación del hotel para que el medio ambiente se resienta menos.

Pero si llega un punto en que eso implica que la habitación se vuelve insalubre y pasar una noche ahí se convierte en un peligro para la salud de tus huéspedes, entonces la cantidad de agua que hayas ahorrado ya no tiene tanta relevancia.

Está muy bien que emplees productos de limpieza que sean más ecológicos o que tengan menos olores desinfectantes, o que cuiden más los tejidos y las superficies que limpias.

Pero si eso significa que no estás desinfectando ni limpiando con la suficiente profundidad, entonces ese logro no es tal y queda en un plano muy secundario.

¿Lo llamamos «cascada de prioridades», por ejemplo?

Por ilustrarlo de alguna manera, llamémosle «cascada de prioridades».

Si tienes un punto de venta (una barra de bar) en el área de la piscina de tu hotel, hay cuestiones básicas.

Por ejemplo, que el personal tenga la cualificación suficiente tanto sanitaria (que no convierta la actividad en algo de riesgo) como en la preparación de lo que se sirva.

Es decir, que si se hacen una herida en el dedo no te sirvan la comida o la bebida manchada de sangre (con el potencial riesgo tan alto para la salud que eso conlleva) y sepan qué hacer ante esa situación.

Que si les pides una cierta preparación (un cóctel, una tapa…) sepan hacerlo, y que sepan hacerlo suficientemente bien.

Que si no saben hacerlo, sepan a quién preguntar de manera ágil (conozcan la estructura de funcionamiento del hotel).

Que dispongan razonablemente de las materias primas necesarias para los platos y bebidas que ofrecen.

Eso es lo que esperas cuando te acercas a pedir algo a ese punto de venta o barra de bar.

Una vez eso está cubierto de manera, repito, razonablemente buena, entonces aparece lo demás.

Estupendo si la cucharilla o el plato o lo que sea es reciclable, por ejemplo.

Pero si me sirves una tapa manchada de sangre porque te has hecho un corte preparándola, me da igual la cucharilla, su precio, su trazabilidad y todo lo demás.

El problema de voltear la «cascada de prioridades» es que entonces nada sirve.

Un ejemplo claro es el de los productos de limpieza y desinfección.

Tradicionalmente ha sido una queja recurrente que tienen un fuerte olor (olor a desinfectante) y que dañan mucho los tejidos y superficies sobre los que se aplican.

Esto ha llevado a buscar el desarrollo de productos que huelan menos y dañen menos los materiales.

El problema es que muchas veces se llega a un punto en que esto se ha convertido en el criterio principal, invirtiendo la «cascada de prioridades».

Es decir, se utilizan para la limpieza y desinfección de las habitaciones y espacios productos que ni limpian ni desinfectan, pero no huelen y cuidan los materiales.

Pero ni limpian ni desinfectan.

Se me llega a hacer extraño tener que escribir esto, pero allá va: los productos de limpieza y desinfección tienen que limpiar y desinfectar.

¿No es evidente?

Si no limpian y/o no desinfectan, no sirven.

No cumplen su función.

Una vez quede claro que cumplen con su función principal, que es limpiar y desinfectar, entonces, y solo entonces pasamos a preocuparnos por otras cuestiones, como el olor.

Pero el criterio principal no puede ser el olor, sino que limpie y desinfecte.

Primero, lo primero, y después el resto de cuestiones.

No al revés.

Empieza por la Salubridad en tu hotel.

Tus huéspedes no deberían enfermar por alojarse en tu hotel.

Da igual cuántas estrellas tengas, ni cuántos reconocimientos de revistas tengas.

Los espacios han de estar limpios y ser salubres.

Las habitaciones, la ropa de cama, el aseo…

Las sábanas no deben tener restos de uso de los huéspedes anteriores, ni las toallas…

¿Que tus sábanas son de un tejido súper-lujoso pero súper-delicado que no se puede desinfectar porque se deteriora?

Mala elección de materiales: así de simple.

De verdad que una funda de almohada de una seda carísima pero que tenga restos de uso de 50 personas antes que tú no tiene nada de lujoso, cueste lo que cueste esa seda (es solo un ejemplo. Si la seda la limpias y desinfectas bien, nada que decir) y tenga el precio que tenga.

En la cocina y en tu restaurante debe haber seguridad salubre.

No debe haber contaminación cruzada que ponga en riesgo a los clientes con alguna alergia.

El personal debe saber cómo trabajar para evitar la contaminación cruzada.

Debe tener formación y concienciación del problema de alergias.

Debe mantener la cocina limpia y salubre.

No debe caer en la comida sangre, sudor, cabellos, complementos de ningún tipo de las personas que elaboran los platos o bebidas (si es que es obvio, caray).

Aunque no los vea nadie en ese momento.

¿Qué opinas tú?

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