Cuando un actividad se mantiene en el tiempo, es habitual que empiece a retorcerse su comprensión, su funcionamiento y su percepción.
En algunos países y lugares, el turismo es ya un compañero antiguo, y lo que tal vez en su momento era considerado un avance o una solución, no es extraño que empiecen a aparecer matices en su interpretación, y que esos matices dejen de ser matices para convertirse en el grueso del argumento.
Son muchos, muchos, los lugares que hicieron un esfuerzo sostenido para lograr atraer la atención de los turistas, para recibir visitas porque consideraban que tenían atractivos suficientes como para que las personas se desplazasen hasta allí desde donde estuvieran.
En algunos casos, no lo consiguieron, por diferentes motivos, a veces más evidentes, otras veces menos evidentes.
Pero otros sí, lo lograron, llamaron la atención de los viajeros.
Y los turistas empezaron a llegar.
Y a veces, siguieron llegando, y siguieron llegando.
La contradicción turismofóbica: querer visitas pero no.
Los paquetes son completos.
Por mucho que los discursos y las redes sociales se vayan centrando en aspectos parciales en sus conversaciones, cuando se hace algo aparecen las consecuencias.
No algunas consecuencias: todas las consecuencias.
Cuando tu lugar se pone de moda y se llena de turistas, hay consecuencias.
Cuando tu lugar deja de estar de moda y se vacía de turistas, hay consecuencias.
Tanto lo uno como lo otro tiene sus consecuencias, y son paquetes completos, no puedes separarlas.
Un pueblo vacío funciona de una manera, y un pueblo lleno funciona de otra.
Y cada situación tiene sus características.
¿Es bueno que abran en tu pueblo restaurantes, hoteles, campings, tiendas de souvenirs, se organicen rutas, eventos, etc.?
Pues depende de lo que tú entiendas como bueno en estos casos.
Si tú estás acostumbrado a disfrutar de ese lago precioso de tu pueblo, que siempre ha estado vacío, para disfrute de la población local…
…es probable que no te guste que llegue el turismo, porque ese lago ya no está ahí para ti solo.
Por otro lado, cuando el lago estaba ahí para ti solo tuviste que mudarte a vivir a una gran ciudad porque en el pueblo no había trabajo ni se generaba riqueza.
Ahora que el lago se ha convertido en un motor generador de ingresos para el pueblo, hay empleo, hay actividad, la gente ya no tiene que mudarse a vivir a una gran ciudad…
…pero el lago ya no está ahí para ti solo.
Es paquete completo.
Cuándo desaparece la turismofobia.
En estos tiempos puede parecer extraño que los razonamientos sean a veces tan simples y sencillos como éste.
A veces se olvida lo básico, y sobre todo se olvida cuando la actividad lleva ya mucho tiempo y, como decíamos al principio, se le empieza a dar vueltas a todo de manera innecesaria.
La turismofobia desaparece cuando se van los turistas.
Así de sencillo.
Si aquello que es objeto de la fobia ya deja de estar, se acaba la fobia, con todo lo que ello conlleva: una vez más, el paquete completo.
Y desde el punto de vista del turista, merece la pena pensarlo también.
Turista: No ir a donde no te quieran recibir.
El no ir a donde no te quieran recibir es un consejo que se ha dado desde siempre a todas las personas.
Resulta incómodo estar en un lugar o en compañía de alguien que no quiere que estés.
Aquello de «si no te invitan a ir, no vayas», también de toda la vida.
Si lo aplicamos al turismo, es válido.
Si vas a estar en un sitio en el que no quieren recibirte, donde te van a tratar de manera desagradable, entonces tu visita no la vas a disfrutar bien.
Quien decide a dónde va y a dónde no va es el turista.
Esto, que es tan básico que hasta da algo de nerviosismo tener que explicarlo en pleno sXXI, se olvida con frecuencia.
El turista emplea su presupuesto monetario en visitar los lugares que elija, y deja fuera todos los demás.
Los destinos turísticos no eligen.
Eligen los turistas.
Y a partir de ahí, viene todo lo demás.
No hay desarrollo turístico en ninguna parte si no hay turistas.
Así de simple.
Qué pasa después de que la turismofobia tiene efecto.
Es muy, muy habitual que las noticias y las redes se centren en la parte negativa de las cosas, dejando de lado lo positivo.
¿Hasta cuando?
Hasta que lo positivo desaparece, y entonces se habla de lo negativo que es que haya desaparecido.
Si la turismofobia es muy potente en un lugar y consigue «ahuyentar» a los turistas, llega una nueva fase al lugar, esa era post-turismo.
¿Es mejor, es peor?
Desde luego, lo que es es diferente, independientemente de que cada caso es un mundo.
Si la industria turística tenía mucho peso en el lugar, su cierre tiene también una serie de consecuencias: otra vez, un paquete completo.
Si el lugar tiene un plan, un desarrollo activo independiente del turismo que hace que esos cierres no sean tan traumáticos para el sitio, lo que hará será cambiar el aspecto del sitio y no se desarrollará de otra manera.
Tal vez donde había hoteles ahora haya fábricas, o lo que sea: alguna actividad tendrá que haber.
Y si no hay actividad, los habitantes se verán en la necesidad de mudarse a vivir a otros sitios donde haya actividad, empleo, etc.
Desde el punto de vista del lugar, si la actividad turística es importante, el simple hecho de querer que cese sin tener otras actividades que la suplan es un planteamiento sin mucho sentido práctico.
Todos los destinos turísticos son únicos, y casi ninguno lo es.
Cada lugar es único.
No hay dos destinos que sean exactamente idénticos al 100%, del mismo modo que no hay dos personas exactamente iguales, pues incluso los hermanos gemelos tienen diferencias en sus gestos o en algo, por leve que sea.
Por eso, cada destino turístico es único.
Pero hay muchos destinos turísticos que son parecidos, equivalentes, intercambiables, etc.
Muchas veces se ponen de ejemplo lugares que son destinos turísticos de primer orden a nivel mundial para hablar del turismo.
Pero lo cierto es que la inmensa mayoría del negocio turístico no se desarrolla en esos lugares, simplemente porque son muy escasos.
Y su potencial de atracción supera todo razonamiento, por lo que casi nada de lo que se hable les aplica.
Un hotel en ese lugar siempre está lleno, por deplorable que sea su servicio.
Ese destino siempre está lleno, por desagradable con el turista que sean los lugareños, por irritante que sea la venta ambulante, por mal que funcione el transporte, por caras que sean las entradas…
En esos casos, la lógica no aplica…
…hasta que aplica, eso sí.
Y una vez que ocurre, ya no se recupera.
Pero son excepciones.
¿De qué estamos hablando, entonces?
Hablamos de que si el turista quiere ir al lago de tu pueblo y no se lo pones fácil, tiene bastante fácil, seguro, encontrar otro lago en otro pueblo.
El lago de tu pueblo puede ser precioso, sin discusión, pero no es único en el mundo a nivel de disfrute del visitante.
No hay otro exactamente igual al 100%, pero hay muchos equivalentes, parecidos, cuyo interés para el visitante puede ser igual o mucho mayor.
Tu playa puede ser excelente, sin discusión, pero no es la única playa del mundo. De hecho, es probable que a no mucha distancia de tu playa haya otras parecidas, y tal vez alguna de esas playas parecidas sea la que se ponga de moda y se lleve el desarrollo turístico, los empleos, los visitantes, los ingresos, las infraestructuras, etc.
Desde el punto de vista del turista es algo que se va entendiendo cada vez más.
Cuando un influencer de viajes visita un lugar conocido pero te muestra otra playa cerca de la que todo el mundo conoce, pero que no está masificada, y que es tan bonita o más que la famosa.
Un ejemplo claro son las islas.
Cuántas veces resulta que hay un archipiélago de islas que son parecidas pero que todo el turismo se lo lleva una de ellas.
Con el tiempo, se va conociendo el valor que tienen las otras, y los turistas empiezan a preferirlas, dejando más de lado la que inicialmente tenía toda la atención.
Turista: no te obsesiones con un destino concreto.
Sabemos que hay una tiranía de las redes sociales que te empuja a que vayas a algún destino concreto, el que esté de moda, ante el riesgo de que, si no vas exactamente allí, pues entonces no eres nadie, no eres cool, no eres trendy, no estás en la cresta de la ola.
Pero no tiene sentido.
Si viajas, tu disfrute debe importarte.
Y mucho.
Vas a dedicar un presupuesto, un dinero, tiempo, esfuerzo, recursos…
…y deben darte resultados que te resulten interesantes a ti.
Y el mundo está lleno de lugares interesantes.
El mundo es muy grande.
Mucho.
Reducirlo todo a los lugares de moda de los famosos y de las redes sociales es una pena, porque te puedes estar perdiendo otros sitios que tal vez te gustasen más.
Recuerda que cuando viajas a algún sitio, una vez más, resulta un paquete completo de consecuencias, para bien y para mal.
Si vas a ese destino de redes sociales, probablemente esté muy lleno y si eso no te gusta, te puede arruinar tu disfrute.
Si vas a un lugar muy aislado y a ti te gusta pasar unos días comiendo a cuerpo de rey en un Todo Incluido, es probable que ahí no encuentres el hotel que encaje con tu idea.
Si te gusta la foto de ese río salvaje pero no te gustan los mosquitos, o los reptiles, tal vez no lo vayas a pasar bien, ni siquiera aunque vuelvas con la foto obligada.
Sí, esa foto que tiene todo el mundo, que ni siquiera es original en su concepto.
Profundiza en el conocimiento del lugar antes de ir, porque el paquete es completo.
La selva es preciosa, pero ir a la selva conlleva condicionantes que debes conocer y decidir si te encajan o no.
Una gran urbe puede resultarte atractiva por algún aspecto, pero también debes conocer que hay muchas cosas que conocer de esa ciudad para saber si la vas a poder disfrutar o si no cuadra contigo.
Y, además, está ese paso más, ese conocer más que el resto.
Ese entender que los sitios no tienen por qué reducirse a una etiqueta.
Ese entender que a lo mejor esa localidad con esa playa estupenda tal vez tiene algo más que casi nadie busca y que puede ser muy interesante si lo conoces.
Si te interesa este concepto, te recomiento este vídeo del canal de Youtube de Entre Lápices y Pantallas.
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