Usar más siglas y más anglicismos no te hace mejor (ni peor) Office ni Facility Manager.

Usar más siglas y más anglicismos no significa que se sea mejor Facility Manager, ni mejor Office Manager

Intentar aparentar profesionalidad simplemente por el uso de siglas y de anglicismos no significa una mejor gestión (Imagen base de Steve Johnson)

La precisión en el lenguaje al utilizar terminología técnica es realmente importante.

En muchas ocasiones, y cada vez más, el origen de los términos técnicos está en el idioma inglés, y no solo eso, sino que su traducción al español no es directa, por lo que el uso de anglicismos es prácticamente inevitable.

Sin embargo, por sí mismos, no constituyen una prueba de calidad en el trabajo, y a veces se usan precisamente para enmascarar deficiencias.

 

La propia profesión significa cosas distintas según el país.

Hablamos de Facilities Managers, de Office Management…

En la mayor parte de los países empleamos estas palabras en inglés, y tiene sentido.

Si traducimos “facilities manager” al castellano, sería “gestor o gestora de inmuebles o instalaciones”.

Si hablásemos de “gestor/a de instalaciones”, podría parecer que nos refiriésemos a instalaciones mecánicas, eléctricas, fontanería, etc.

Sin embargo, el Facility Management engloba la gestión de espacios, servicios (como limpieza, valija interna…).

Si hablamos de “gestor/a de inmuebles” puede parecernos que se habla de una agencia inmobiliaria, y no lo es.

El término “facility” se refiere a instalaciones, pero no en el sentido que decíamos antes, sino a instalaciones en sentido de “lugar”.

La oficina de una empresa sería, por tanto las instalaciones de la empresa…

Caramba, que nos entendemos mejor si decimos “Facilities manager” en inglés, que si intentamos decirlo en español.

Pero, además, resulta que lo que se entiende por Facility Manager en unos países no tiene por qué corresponderse por lo que se entiende en otros.

Por ejemplo, en España, el FM se sitúa en un encuadre más estratégico que en países anglosajones, donde se entiende como algo más operativo.

Es decir, no solo las palabras son difícilmente traducibles, sino que aunque no se traduzcan, no significan lo mismo en unos lugares que en otros.

 

Cuando se usan siglas y anglicismos para aparentar más conocimientos.

El problema viene cuando se pretende tapar una falta de conocimiento o una deficiente calidad de gestión utilizando términos en inglés, y siglas para todo.

Efectivamente, no tiene sentido generalizar, ya que hay excelentes Facility Managers que usan este tipo de términos habitualmente, por lo explicado en el apartado anterior: suele ser más preciso que sus traducciones al castellano.

No criticamos eso.

Lo que sí hacemos es llamar la atención acerca de las situaciones en las que alguien se sienta en el despacho de su cliente y empieza a hablar de manera que a no se pueda entender lo que dice, debido a que parezca que hable, no ya en inglés, sino en un idioma diferente.

Tanto es así, que a veces se dice critica, precisamente jugando con el idioma a modo de broma, a los/las Facilities Managers diciendo que son “Dificulties Managers”, aprovechando que la palabra “facility” recuerda a la palabra “facilidad”.

 

Debes saber lo que haces, y no lo haces peor por no decirlo en inglés.

Debes tener calidad en tu gestión.

Y saber lo que haces no implica necesariamente usar siglas ni términos en inglés.

 

Ejemplo: el proceso de las tres “R”.

Se suele hablar del proceso de las tres “R” cuando se refiere a un concurso o una evaluación para un proyecto en FM.

Se le suele llamar así, porque consta de 3 partes diferenciadas, que empiezan por “R”, aunque a veces se agrupen en 2:

  • RFI: Request for Information
  • RFP: Request for Proposal
  • RFQ: Request for Quotation

No es objeto de este artículo explicar el proceso en cuestión, sino simplemente hablar de la terminología.

Simplemente, podemos quedarnos en la primera “R”: Request for Information (RFI).

¿Es algo nuevo en tu país?

¿Seguro que no lo has hecho nunca?

¿Seguro?

Verás, por si no te suena mucho, un RFI es una petición de información, y tiene una utilidad directa para hacer esas tablas poderadas de las que hablamos en otro artículo.

Para poder ponderar la tabla, primero tiene que tener información, y esa información la has de solicitar a quien sea: en general, a un proveedor de servicios.

Si tienes cualquier criterio establecido para llevar a cabo un proyecto con un tipo de proveedor, has de averiguar cuáles son los proveedores que tienen las características necesarias para que ese criterio pueda aplicarse, y necesitarás preguntar cosas (solicitarles información).

¿No lo has hecho nunca?

¿Nunca has preguntado a (por ejemplo) un proveedor acerca de alguna característica de su estructura?

Seguramente, no solo lo has hecho tú, sino también tus predecesores, y los predecesores de tus predecesores.

Pero es probable que ellos no lo llamasen “RFI”, sino, tal vez “solicitar información” o quién sabe, tal vez lo llamasen “preguntar“.

 

Si estableces las fases, ya estás haciendo lo mismo que con las 3 “R”, aunque no lo llames así.

Aunque, como digo, no vamos a explicar ahora el proceso de las 3 “R”, podemos decir que se basa en separar la decisión en 3 etapas, cada una de las cuales habla de un concepto:

  • Fase 1: proveedor
  • Fase 2: proyecto
  • Fase 3: precio / costes

Si tú llevas a cabo tu proceso de esta manera, da igual que lo llames RFI-RFP-RFQ, o que lo llames de otra manera: la calidad de tu trabajo es la misma.

Por mucho que lo llames con nombres en inglés y que uses muchas siglas, si luego tu RFI está mal hecho (o tu RFP o tu RFQ), pues está mal hecho, exactamente igual que si lo haces mal llamándolo de otra manera.

 

El halo de profesionalidad de las siglas.

Las siglas tienen sentido para escribir menos, especialmente cuando se refieren a expresiones largas.

Sin embargo, en ocasiones se usan para aparentar profesionalidad.

Imagina que vas a solicitar empleo de Facility Manager en una empresa, y quien te realice la entrevista te pregunta si eres realmente profesional.

Tú contestas que sí, y para comprobarlo, lo que hace tu entrevistador/a es soltarte una hilera de siglas de expresiones en inglés.

Por ejemplo, te pregunta “¿Sabes lo que es el proceso RFI-RFP-RFQ?

Puede darse el caso de que no sepas lo que son esas siglas, y entonces podrían decirte que no eres FM.

Si la persona que te entrevista está realmente capacitada, dirigirá sus preguntas a conocimientos reales, y tal vez lo que te pregunte sea algo como “¿Podrías explicarme en qué fases dividirías la evaluación de proveedores respecto a un proyecto?”.

Puede parecer que te pregunta lo mismo, pero hay una gran diferencia: en el primer caso puede estar ocultando su falta de conocimiento tras una serie de siglas y expresiones en inglés, mientras que en el segundo caso está hablando del concepto en sí, con independencia del idioma y de las siglas.

 

Conclusiones

El empleo de siglas y anglicismos en Facility y Office Management (empezando por el propio nombre del término) no solo es inevitable sino que puede ser muy útil, tanto profesional como formativamente.

Sin embargo, lo realmente importante es la actividad y los conocimientos: hacer las cosas bien.

Saber muchas siglas y muchos anglicismos puede ser útil si se emplean para llevar a cabo un buen trabajo, y sin embargo no significan que se sea más profesional simplemente por usarlas mucho al hablar.

De hecho, una vez que tienes claro lo que significan algunas siglas y anglicismos, te das cuenta de la gran cantidad de ocasiones en que se emplean mal.

 

 

 

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