¿Quién paga los nuevos LED de tu oficina?

¿Quién paga los nuevos LED de tu oficina?

Imagen de LED verde

Desde hace ya unos años, parece haberse demostrado que la iluminación LED tiene varias ventajas respecto a otros sistemas de alumbrado artificial, que hace recomendable su implantación desde diversos puntos de vista.

Sin embargo, a pesar de que, a primera vista, cabría pensar que ya todos los espacios de trabajo estarían ya iluminados con luminarias LED, lo cierto es que esto no es así.

Vamos a ver por qué.

Argumentos técnicos.

A lo largo del tiempo, hemos ido conociendo diversos tipos de lámparas que incluir dentro de las luminarias que alumbran nuestros espacios de trabajo.

Y también a lo largo del tiempo hemos ido interiorizando cómo ninguno de los sistemas era completamente ventajoso: había algo a favor, y algo en contra.

Los fabricantes han ido desarrollando cada vez más su tecnología y sus procesos productivos para intentar minimizar los factores en contra de los sistemas, y así poder aprovechar sus ventajas.

Resultaba que un tipo de iluminación muy utilizado consumía mucha electricidad, y se podía cambiar por otro que consumía menos pero hacía un efecto flash de discoteca al encenderse, o bien otros hacían ruido, o bien otros se encendían muy poco a poco, o bien funcionaban correctamente durante muchas horas encendidos pero se estropeaban rápidamente con los encendidos y apagados…

 

La salud y la ecología.

También hemos visto a lo largo de este tiempo cómo algunos sistemas de iluminación que consumían menos energía (bueno para el planeta) resulta que tenían muchas dificultades para su reciclaje, o bien que emitían gases nocivos para la salud (malo para las personas), o que contenían en su interior sustancias perjudiciales que se podrían liberar al ambiente en caso de rotura…

No era tan sencillo hablar de que algo era una solución para todo.

 

Aparece el LED: bajo consumo y sano…

Llega un momento en que aparece una nueva tecnología de iluminación artificial que no tiene contraindicaciones ambientales ni salubres (al menos, eso parece).

Se enciende de inmediato, no emite gases, no contiene sustancias nocivas en su interior, y además consume muy poco.

Bueno para el planeta, bueno para las personas y bueno para el bolsillo mes a mes.

 

Pero era muy caro de instalar y no alumbraba.

El LED tenía, en sus inicios, estos dos argumentos en contra.

Por una parte, era cierto que el bajo consumo hacía que la factura de la electricidad se redujese mes a mes, pero comprar las luminarias tenía un coste muy alto.

Y por otro lado, el nivel de iluminación que se conseguía con las lámparas LED era insuficiente como para pensar en estandarizarlas para alumbrado de puestos de trabajo.

 

La bajada de intensidad al calentarse.

Además, había un problema adicional: cuando el LED se calentaba, al llevar un cierto tiempo encendido, su intensidad luminosa disminuía, y en algunos casos disminuía mucho.

 

El LED arregló sus problemas.

Con el paso del tiempo, los técnicos consiguieron que los problemas de iluminación de las lámparas LED fueran desapareciendo, hasta el punto de que hoy en día es perfectamente viable (técnicamente hablando) iluminar un espacio de trabajo con luminarias de lámparas LED.

Lógicamente, hay niveles de calidad.

Si se adquieren luminarias con lámparas LED de baja calidad, es muy probable que el problema de la bajada de intensidad luminosa debido a su calentamiento siga presente.

Pero si se adquieren luminarias con lámparas LED de buena calidad, se estará ante una instalación de iluminación artificial que tiene suficiente flujo luminoso, que no tiene problemas de emisiones de gases nocivos ni gases peligrosos en el interior, y que, además, consume menos electricidad que los sistemas anteriores.

 

El coste de la instalación de iluminación LED.

Otro de los factores que ha influido en el éxito de este tipo de luminarias es su disminución de coste con respecto al que tenía en sus primeros tiempos.

En aquel entonces, se veía fácilmente que nunca se iba a recuperar, mes a mes, el elevado coste inicial de la adquisición de las luminarias.

Hoy en día, ya no es así.

 

Pero ¿quién paga los LED de tu oficina?

El principal obstáculo que hay para que toda la iluminación de oficinas sea LED es decidir quién paga la instalación inicial de las luminarias (y su adquisición, claro está).

 

¿Quién se beneficia de la instalación de los LED?

Económicamente hablando, y dado que los LED tienen un consumo eléctrico reducido, se beneficia de su instalación aquel que pague la factura de la compañía eléctrica mes tras mes.

En cuanto a imagen, el propietario del edifico también se beneficia, pues su edificio da un salto tecnológico en cuanto a ecología, salubridad, y también en consumo energético.

Cuando el propietario del edificio y el usuario de la oficina son el mismo, no hay duda.

Ahora bien, el problema es cuando hay un propietario del edificio, y una empresa inquilina de una oficina dentro de dicho edificio.

 

Factor importante: el plazo de los contratos de alquiler.

Antes de pasar al caso de ejemplo, en el que vamos a ilustrar el problema, es importante hablar de la influencia de la duración de los contratos de alquiler.

A raíz de la crisis económica que comenzó allá por 2008 (más o menos), las empresas han reducido mucho la duración de los contratos de alquiler que firman.

Se pasó de una situación en la que no era extraño firmar por 5 años, o incluso por 10, a firmar por 1, 2 ó como mucho, por 3 años.

 

Ilustramos el problema.

Argumento del inquilino:

El inquilino, la empresa que ocupa la oficina, es la que se beneficia habitualmente de la instalación de una iluminación de bajo consumo, puesto que suele ser la que paga la factura del suministro eléctrico.

Hay casos en que esto no es así, y este ejemplo no tiene validez, rápidamente verás por qué.

El asunto es que el inquilino ha firmado su contrato por 1 año de permanencia, y el dinero que se gastaría en cambiar su iluminación actual (fluorescente, por ejemplo) por LED no lo llegaría a recuperar a base de ahorro corriente de consumo eléctrico.

La fórmula, en términos generales, sería esta:

Ahorro Mensual x Número de Meses = Ahorro Total

Si el Ahorro Total es superior a la inversión inicial de instalación, es económicamente rentable instalarlos.

Vamos a inventarnos unos números:

  • Ahorro Mensual = 10€/mes
  • Coste Inicial de Instalación = 250€
  • Número de meses necesarios para que el Ahorro Total sea superior al Coste Inicial de Instalación:

250€ ÷ 10€/mes = 25 meses

Ahí está la clave: si el resultado de tus números dice que vas a recuperar tu inversión en 25 meses, pero tu contrato de alquiler es por 12 meses, no te sale rentable invertir en el cambio de iluminación.

 

¿Qué pasa cuando te vayas de esa oficina?

Además, como inquilino, tienes otro pensamiento en tu mente.

Cuando te vayas de ese edificio a otro, tal vez dentro de solamente 1 año, vas a dejar una estupenda instalación de iluminación artificial LED ya terminada.

Eso va a ser estupendo para el futuro inquilino que venga detrás de ti ya que, sin tener que invertir nada en la instalación inicial (ya la has hecho tú), va a tener un consumo eléctrico muy reducido mes a mes.

Y también va a ser estupendo para el propietario del edificio, pues sin haber invertido nada en la instalación (la habrías hecho tú), tiene un argumento estupendo para que le vengan nuevos inquilinos y no se le quede vacío el local.

 

El argumento del propietario:

Partiendo del supuesto usual de que cada inquilino paga la factura del consumo corriente (mes a mes) de la electricidad, el argumento del propietario también está muy claro:

El propietario dice que la instalación de las luminarias LED las debe pagar el inquilino, ya que es quien se va a beneficiar de una reducción del gasto eléctrico.

Desde el punto del vista del propietario, económicamente hablando, no tiene ningún sentido pagar los LED porque, ya que él no paga la factura eléctrica, nunca va a recuperar su inversión inicial.

Sería, por tanto, un regalo para el inquilino, que simplemente pasaría a pagar menos electricidad mes a mes, pero gracias a un dinero que habría gastado el propietario, que no ganaría nada con ello.

Es cierto que, una vez el inquilino se vaya, podrías pensar que tendrá ventajas para alquilar el local a un siguiente arrendatario, pero no es un argumento fácilmente cuantificable.

 

El LED no se valora.

Si estás pensando en decirle al propietario del edificio en el que tienes la oficina que si instala los LED podrá alquilar el local por un precio más elevado al siguiente inquilino (cuando tú te hayas marchado), te aviso de que no es un argumento de peso.

Si has tenido ocasión de leer el artículo que hemos publicado acerca de tener la oficina en las afueras de la ciudad, habrás entendido rápidamente por qué no es un argumento muy potente.

El precio en el mundo inmobiliario está marcado, fundamentalmente, por el lema: location, location, location.

El propietario del edificio sabe que el posible inquilino va a pagar por instalarse en el local un precio que considere acorde, sobre todo, con la ubicación del edificio.

El mercado, lamentablemente (tal como te decía en ese artículo, por ejemplo), no se fija mucho en el edificio en sí, sino que se fija sobre todo en la localización del mismo.

Por tanto, el propietario del edificio ya sabe que no podrá cobrar más por una mejora en el edificio, porque el mercado no lo reconoce, ni lo valora.

 

Conclusión: el plazo de los alquileres y el “location, location, location” son la barrera para la instalación de los LED.

A través del ejemplo te hemos ilustrado el problema.

Por un lado, como los alquileres se firman por períodos de tiempo muy cortos, es muy complicado que una inversión inicial que se recupera paulatinamente, con el tiempo, salga rentable, porque precisamente no da tiempo a recuperarla.

Por otro lado, como el propietario no paga la factura corriente de la electricidad, no tiene forma de recuperar la inversión inicial si la paga él.

Y como, además, el mercado no valora la calidad del edificio sino solamente su ubicación, tampoco podrá subir el precio del alquiler a un posible futuro inquilino cuando tú te hayas marchado.

Solamente le servirá como argumento de venta de cara a llenar el edificio, pues sí que a ese posible futuro inquilino le interesará encontrarse con la instalación ya hecha (no paga nada) y ahorrarse un dinero cada mes en la factura de consumo eléctrico.

 

Tu caso.

Ya sabes que te lo solemos decir.

Nos hemos inventado unos números fáciles para ilustrar el problema de quién paga los nuevos LED de tu oficina.

Pero sabemos que la realidad es mucho más compleja que un ejemplo inventado.

Por eso, si estás en esta tesitura y quieres que estudiemos tu caso concreto, para saber si te interesa o no hacer la inversión en LED, o para tener datos reales al hablar con el propietario del edificio, contacta con nosotros.

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