Cuándo limpiar la oficina influye en el Wellbeing.

limpieza de la oficinaPor un lado, está el razonamiento obvio: una oficina limpia está mejor que una oficina sucia.

Y por otro lado, está el asunto de cómo llevar a cabo las operaciones de limpieza de la oficina, pensando en las personas.

Remarquemos esto: pensando en las personas.

Es importante entenderlo, porque lo más habitual es pensar en la limpieza desde el punto de vista del objeto a limpiar: el mueble, el pavimento…

Pero si hablamos de Wellbeing en la oficina, hablamos de personas.

 

La toxicidad de los productos de limpieza.

El primer punto de este razonamiento lo podemos establecer en la composición química de los productos de limpieza.

Bajo mi punto de vista, se trata de un tema extraordinariamente complejo y difícil, pues no se puede tener todo.

Me explico, y lo hago desde el punto de vista de las personas.

 

El equilibrio entre eliminar la suciedad y la toxicidad del producto.

El problema con los productos de limpieza es que, para que limpien, se han de incluir algunas sustancias en su composición que tienen un efecto tóxico.

Se busca que tengan un efecto tóxico para los gérmenes y bacterias que viven en la suciedad de aquello que se quiere limpiar, pero muchas veces resulta que si es tóxico para los gérmenes también lo es, en mayor o menor medida, para las personas.

 

La limpieza es necesaria, y deteriora los materiales.

Un fabricante de detergentes pasa una buena parte del tiempo haciendo pruebas de sus productos sobre diversos tipos de tejido.

Y lo hace porque necesita encontrar el equilibrio entre la limpieza y la conservación de los tejidos a limpiar.

Es un proceso que tiene buena parte de prueba-error, y puede verse cómo si la composición del detergente es muy respetuosa con el tejido, no elimina las manchas; y por el contrario, si es muy agresivo con las manchas, también destruye el tejido, lo hace incluso desaparecer.

Por tanto, lo que busca el diseñador del producto es ese equilibrio en el que se elimine un buen porcentaje de las manchas, y no se dañe mucho el tejido.

Todo esto tiene un componente valorativo importante, como ves, porque seguramente cada cual tendrá una idea de cuál es ese punto de equilibrio: habrá quien prefiera mayor cuidado del tejido aunque haya manchas que no se quiten, y habrá quien quiera que, dure lo que dure el tejido, tenerlo siempre limpio.

 

La toxicidad está en el aire, y en las superficies.

En general, la toxicidad de los productos de limpieza te afecta a ti de dos maneras: por el aire, o por el contacto con las superficies en las que esté presente.

De las dos, la más habitual es la presencia de los agentes tóxicos en el aire.

Por eso puedes tener irritación de ojos, de fosas nasales, de garganta…y desde luego, el aire que respiras y estás usando en tu organismo transporta a tu interior sustancias que no quieres.

En el caso de las superficies que contienen los productos, la toxicidad se produce por el contacto de la piel.

Sin embargo, es menos habitual, pues estos productos suelen ser volátiles, y al rato de haberse aplicado sobre una superficie, pasan al aire.

 

La limpieza como argumento publicitario.

Hay empresas que gustan de realizar la limpieza en horas laborables porque buscan dar el mensaje a sus empleados de que se preocupan por su bienestar, su wellbeing.

El razonamiento es que piensan que si la limpieza se realiza en horarios en que la oficina esté vacía de empleados, estos no reparan en que hay un esfuerzo por parte de la compañía en mantener su entorno de trabajo limpio, mientras que si se hace en momentos en que la oficina esté llena, todos verán que se está realizando la acción de limpiar, y lo valorarán más.

 

No es solo la molestia operativa.

Estás en una mesa, trabajando, con papeles y con tu ordenador encendido, y tienes que parar, hacer hueco en tu tablero, para que, durante unos momentos, el profesional que limpia la oficina pueda limpiar la superficie del tablero de la mesa en la que estás trabajando.

¿Te suena la situación?

Es muy probable que la hayas visto o la hayas vivido.

Operativamente, es una interrupción que no ayuda en nada al desempeño del empleado.

Y tampoco son las condiciones más favorables para que el profesional de la limpieza haga un trabajo de calidad, pues está más preocupado por no molestar que por el acabado final.

Pero no es solo eso: según ha pasado el paño por la superficie de tu mesa ¿qué haces tú?

Pues vuelves a tu trabajo, y es evidente que el tablero sigue conteniendo el producto de limpieza, seguramente está todavía húmedo y hasta te arruga los papeles ¿no es cierto?

En este caso, si el producto de limpieza tiene una cierta concentración de componentes tóxicos, la puedes recibir mediante el contacto con la mesa, o bien, al evaporarse esos componentes tóxicos y pasar al aire, lo hacen en el aire que directamente tienes en tu cara, que respiras, que te afecta a los ojos…

 

¿Qué piensas si no notas nada?

Por otro lado, si en esta situación resulta que no notas nada ¿qué piensas?

Seguramente piensas que la empresa de limpieza está limpiando con agua, sin productos desinfectantes, por lo que el resultado de la limpieza es puesto en duda.

 

La ventilación como herramienta wellbeing.

Parece que hay un mecanismo de solución a estas cosas que cae por su propio peso: la ventilación, las renovaciones del aire.

Si los componentes tóxicos, en un buen porcentaje, son volátiles y pasan al aire, estará bien que cojas ese aire contaminado y lo saques del lugar de trabajo.

La cuestión es extraer el aire contaminado e insuflar aire no contaminado.

Te recomiendo que eches un ojo al artículo de este mismo blog “Diferencia entre climatización y ventilación” para que lo tengas todo claro y no confundas tratar la temperatura con renovar el aire.

 

¿No abres las ventanas en casa?

Cuando friegas el suelo de tu casa, generalmente usas una solución de agua con algún producto limpiador, y eso te genera un ambiente que no te gusta, te pican los ojos o la garganta, huele a producto de limpieza…

¿Qué haces entonces?

Pues buscas dos cosas:

  1. Abrir las ventanas
    1. Buscas que se genere una corriente que saque de tu casa el aire interior con el olor y los agentes urticantes, y que entre aire de la calle, que no contiene esos agentes (aunque es aventurado afirmar que sea aire limpio, sobre todo si vives en una ciudad).
  2. Irte
    1. El agente urticante no permanece en el aire para siempre, acaba disolviéndose. Por eso es tan habitual que busques fregar el suelo cuando vayas a salir de casa, pues a tu regreso, esos olores que tanto te molestan se habrán mitigado, o incluso habrán desaparecido.

 

En la oficina es algo parecido.

Es cierto que ventilar la oficina abriendo las ventanas puede ser difícil, incluso imposible, porque los huecos practicables en un edificio de oficinas no suelen ser muchos.

Por tanto, se ha de jugar con la extracción del aire, tal como decíamos antes, y también se ha de jugar con el reloj.

Es decir, se debe dejar el suficiente tiempo desde que se aplican los productos de limpieza tóxicos en la oficina hasta que lleguen las personas.

Es lo mismo que cuando friegas en casa y te vas a la calle para dejar que se vaya el olor a lejía o al producto que sea.

 

Por tanto, el horario para la limpieza saludable es…

Después de todo lo expuesto, está claro que lo saludable es que se deje pasar el suficiente tiempo entre el momento de la limpieza y el uso de la oficina.

Esto puede pasar de dos maneras.

Una de ellas es realizar las tareas de limpieza antes de empezar la jornada laboral, con la suficiente antelación para que los elementos nocivos se hayan ido del aire a respirar.

La otra, seria hacer la limpieza después de la jornada laboral, para que así haya más tiempo hasta que vuelvan los empleados de la oficina, al día siguiente, y el aire se haya renovado.

 

No es algo aislado.

Claro, estamos hablando de un tema en concreto, que es el horario de la limpieza.

Pero salta a la vista que, por ejemplo, si cuando acaba la jornada laboral, el sistema de ventilación se apaga es distinto de si sigue en funcionamiento.

Del mismo modo, si el sistema de ventilación se enciende antes de que comience la jornada laboral, hará falta menos tiempo para que se renueve el aire tras la limpieza…

 

¿Y los profesionales de la limpieza?

No es objeto de este artículo hablar de cómo influye la propia actividad sobre los profesionales de la limpieza, y por eso no vamos a extendernos aquí hablando de ello.

Hablamos de los operarios de la oficina, que no llegan equipados ante la presencia de tóxicos ambientales.

Por poner ejemplos típicos, tú no asistes a la oficina con mascarilla, ni con guantes… no llevas ninguna equipación que te proteja de los productos de limpieza que haya en el aire ni en las superficies, y es de lo que estamos hablando ahora.

Es evidente que los profesionales de la limpieza necesitan tanto unos protocolos de actuación como una formación, y una equipación que haga que su trabajo sea lo más seguro posible para ellos.

 

Aspirar la moqueta.

La limpieza de la oficina depende de cuáles sean los materiales a limpiar.

Por ejemplo, si tenemos un suelo cerámico, será habitual que su limpieza diaria se realice con alguna solución de agua con algún desinfectante, sea lejía u otro producto.

En este caso, el cloro de la lejía se pasa al aire y es bastante irritante (dependiendo, una vez más, de la concentración de los componentes en la solución), y sería objeto de lo que hemos comentado acerca de la necesidad de renovar el aire.

Sin embargo, podemos pensar también en un pavimento de moqueta, que generalmente se limpia con una aspiradora para recoger la suciedad, pero solo de vez en cuando se aplican productos de limpieza, por el motivo que decíamos al principio: destruyen la moqueta.

A diferencia de los suelos que se friegan, no general olores ni irritación por componentes tóxicos de productos de limpieza en el ambiente.

Sin embargo, realizar el aspirado durante la jornada laboral lo que sí provoca es una molestia por el nivel sonoro de las máquinas aspiradoras.

Pero no requiere de tiempo posterior a la limpieza para usar el espacio.

Podríamos pensar que, si en una oficina se han de limpiar los tableros de las mesas y aspirar el suelo, lo lógico es empezar por las mesas, que sí requieren de tiempo de secado (y de renovación de aire), y seguir después con el aspirado de la moqueta, ya que no requiere de espera posterior para el uso.

Sin embargo, si pensamos en los profesionales de la limpieza, tal vez sea más lógico hacer la limpieza de las mesas al final, pues así abandonan el espacio al terminar, y ellos mismos no respiran el aire con componentes de los productos de limpieza volatilizados.

Después, habría que dejar el tiempo suficiente para renovar el aire antes de que entrasen los empleados a la oficina, etc.

Seguimos hablando.

Un saludo.

 

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