Diferencia entre climatización y ventilación

diferencia entre climatización y ventilaciónConfusión entre climatización y ventilación.

La diferencia entre climatización y ventilación debería estar mucho más clara de lo que está.

De hecho, a menudo se piensa que se trata de lo mismo.

A ello contribuye, entre otras cosas, que en los proyectos se meta a ambas instalaciones en el mismo saco.

Y es algo lógico, pues ambas las trata el mismo industrial, y generalmente también los fabricantes de equipos de climatización fabrican los equipos de ventilación.

Vamos a intentar que tú no tengas esa confusión, y que sepas la diferencia entre climatización y ventilación.

La instalación de climatización.

Si se quiere hablar de climatización, no solo se puede escribir un post, sino que se puede escribir un libro, o varios libros, y cursos enteros.

Por tanto, no vamos a pretender hablar de todo lo que sea climatización aquí, sino simplemente centrarnos en aquello que establece la diferencia entre climatización y ventilación.

La climatización se encarga del tratamiento del aire.

¿Qué aire?

El que sea.

Piensa en el split de pared que se encuentra en muchas viviendas, por ejemplo en el salón de tu casa.

Pues ese split (en conjunto con una unidad exterior que tendrás en alguna parte conectada con el split) coge el aire que tienes en tu salón, y lo trata.

En general, lo que hace es que trata su temperatura, calentándolo o enfriándolo según sea la necesidad.

Las máquinas de climatización, según sean, pueden tratar el aire de más formas, filtrándolo, modificando su nivel de humedad, etc.

Como te digo, la climatización es un mundo.

Pero hacemos hincapié en lo de que trata el aire que sea.

Si te acercas al split de tu pared, o al cassette del techo (depende de lo que tengas), verás que hay alguna rejilla, en la parte inferior habitualmente, por la que el split toma el aire de tu salón, y otra rejilla (o algo similar) por la que el split suelta el aire también a tu salón.

En este caso de ejemplo, la unidad de climatización está tratando el aire de tu salón: lo toma del salón, lo caliente o lo enfría, y lo devuelve al salón otra vez.

Ahora veremos qué pasa en el caso de la ventilación.

 

La instalación de ventilación.

Tradicionalmente, para ventilar tu vivienda se ha seguido un mecanismo claro: abrir las ventanas.

La costumbre ha sido siempre hacer esto por la mañana, especialmente en verano, para que el aire que entra del exterior no esté aún caliente.

Vale, no es propiamente una instalación, pero la diferencia entre climatización y ventilación te ha quedado clara simplemente con este ejemplo.

Como ves, la diferencia está en qué aire se maneja.

Cuando abres la ventana, no estás tratando el aire que entra desde el exterior, no lo estás calentando, ni enfriando, ni modificando su grado de humedad… simplemente lo estás moviendo desde el exterior hacia el interior.

Del mismo modo, el aire interior se va por la ventana.

¿Qué has logrado con esto?

Renovar el aire de tu vivienda.

 

La ventilación y la eficiencia energética.

Rápidamente te habrá venido a la mente esta cuestión.

Cuando tú abres la ventana y metes aire del exterior en tu vivienda, o en tu espacio de trabajo, éste tiene una temperatura que tú no controlas, y sin embargo sí que quieres controlar la temperatura interior de tu espacio.

Esto implica que el proceso tiene dos partes generales.

  1. Introducir aire sin tratar del exterior (ventilación)
  2. Calentarlo, enfriarlo…tratarlo una vez que está en el interior (climatización).

¿Qué ocurre si tienes tu estancia a 18ºC, y en el exterior hay 3ºC?

Cuando tomas ese aire exterior y lo metes en tu estancia, has de calentarlo (en este ejemplo) nada menos que 15ºC.

¿Y eso cómo se hace?

A base de gastar energía en tu instalación de climatización (o de calefacción, si la tienes separada).

Cuanta más diferencia de temperatura hay entre el aire interior y el exterior, más energía es necesario consumir para llevar el aire “nuevo” (el que tomas del exterior) a la temperatura del ambiente interior.

 

La ventilación se rige por principios de salubridad.

Como sabes, cuando respiras, inhalas aire con unos ciertos niveles (por ejemplo) de oxígeno, lo llevas a tus alveolos pulmonares, y allí se produce un intercambio.

El aire que has inhalado deja el oxígeno, y recoge el CO2 que ha producido tu organismo (estamos simplificando mucho mucho, simplemente para que se entienda).

Cuando exhalas ese aire cargado de CO2, lo dejas en el ambiente donde estás.

Has hecho lo mismo que en el caso de la ventana, pero en el interior de tu organismo: tomas aire exterior “limpio”, y dejas que salga el aire interior “sucio”.

En el caso de los espacios de trabajo esto tiene una especial relevancia, pues en un mismo local puede haber bastantes personas, y todas ellas están constante e ininterrumpidamente soltando aire cargado de CO2 (y de otras muchas cosas) al ambiente.

Es lo que coloquialmente se suele identificar como que “el ambiente está muy cargado”, pues se nota incluso una cierta dificultad para respirar con normalidad.

Por eso, es necesario, aunque no sea eficiente energéticamente, renovar ese aire: sustituir el aire cargado de CO2 por aire limpio con oxígeno.

 

Las renovaciones de aire por Normativa.

En algunos países, no está permitido considerar que abrir las ventanas es suficiente como para renovar el aire interior.

Se obliga, por Normativa, a disponer de una instalación de ventilación que asegure unos niveles de circulación de aire.

La Normativa estipula cuánto aire debe cambiarse y en cuánto tiempo.

Se puede expresar de muchas formas y en muchas unidades, pero al final está referido a la ocupación del local (número de personas), al volumen de aire, y al tiempo (generalmente, expresado como frecuencia).

De este modo, se establece un volumen de aire a sustituir por persona cada cierto tiempo.

Como las normas están generalmente relacionadas, y la ocupación permitida de un local está referida a su superficie, puede ser que las renovaciones de aire se marquen en función de superficie o de volumen interior del local… lo cual, indirectamente, está buscando una cifra acerca del número de personas que sueltan aire cargado de CO2 en el local.

Cuando abres una ventana, las renovaciones de aire pueden variar en función de muchas cosas:

  • Si la diferencia de temperaturas entre el interior y el exterior es mayor, la velocidad de intercambio de aire es mayor: y al contrario si la diferencia de temperatura es poca.
  • Si consigues una ventilación cruzada mediante la apertura de varias ventanas con presión de aire exterior diferente (lo cual se suele corresponder con ventanas en fachadas distintas del edificio), se genera lo que coloquialmente se ha llamado siempre “la corriente”, que es, en efecto, una corriente de aire que acelera la renovación.
  • Si hace viento afuera, la renovación de aire es más rápida, y si el día está calmado, se tarda más.

Fíjate que no hemos hablado de cuestiones como el tamaño de las ventanas, sino simplemente de condiciones medioambientales, que no controlas tú.

 

No se abren las ventanas.

Abrir las ventanas es una acción.

La deben abrir las personas.

Piensa en tu oficina, en un día de invierno, cuando estáis a una confortable temperatura interior.

Miráis hacia afuera, y veis a la gente andando por la calle con abrigos y bufandas…

En estas situaciones, aunque notéis el aire algo cargado, tenderéis a no abrir las ventanas para renovar aire, porque el aire que entra del exterior está frío, y no os apetece, especialmente a aquellos que estén sentados cerca de las ventanas.

Así que la Normativa de algunos países lo que hace es dar esto por supuesto, y obligar a que los espacios de trabajo dispongan de una instalación de ventilación que asegure la renovación de aire según unos valores de caudal establecidos.

 

Incompatibilidades entre Normativas.

En algunos países, como en España, es claro el ejemplo de que no se puede tener todo en cuanto a la coherencia entre normas de diferentes aspectos.

Para conseguir un elevado valor de eficiencia energética, es fundamental el aislamiento térmico.

Por ejemplo, en tu cocina, en invierno, el propio calor desprendido de la acción de cocinar ayuda a elevar la temperatura de la estancia.

Si la ventana de tu cocina sella bien, tiene rotura de puente térmico, el revestimiento de la fachada gira (en vez de cortarse) envolviendo el contorno del hueco, el vidrio tiene características aislantes de grado alto, etc., entonces no pierdes ese calor que se ha generado al cocinar, y ahorras calefacción: eres eficiente energéticamente.

Si tu ventada no está bien sellada, o no cumple con los requisitos para aislar correctamente, el aire caliente del interior se te va, se te escapa por las juntas de la ventana, o a través del vidrio, o por el contorno del hueco… y ese aire caliente que has perdido, lo tienes que suplir a base de calefacción: no eres eficiente energéticamente.

 

Pero…¿Y la renovación del aire?

Si tu ventana está logrando un aislamiento grande, es porque, entre otras cosas, está impidiendo el intercambio entre aire interior y exterior.

Por tanto, no tienes renovación de aire.

Es entonces cuando entra en escena otra Normativa, que no es la de Eficiencia Energética, sino que es la de Salubridad.

Y esta Normativa de Salubridad de dice que tienes que renovar el aire.

Reduciendo mucho la historia, lo que esta Normativa te dice es que cojas tu fantástica y súper-aislante ventana, y la abras, para que se vaya el aire (calentito) interior, y entre aire (frío) exterior que tendrás que calentar a base de calefacción: no cumplirás con los requisitos de la Normativa de Eficiencia Energética.

Estamos hablando de situación de invierno, pero es igual si quieres darle la vuelta a los valores de temperatura interior y exterior y pensar en el verano.

En este ejemplo, además, se tienen en cuenta otras cosas, como pensar qué pasa si tu instalación de la cocina es de gas y, por lo que sea, hay algún tipo de fuga: es mejor que haya algún tipo de rejilla que deje que el gas se vaya al exterior y no que se quede concentrado en tu cocina, sobre todo si cuando se produce el escape no estás en casa, y cuando llegas enciendes la luz, por ejemplo.

Como ves, el cumplir con una norma te implica incumplir otra, en este caso.

 

Puntos intermedios.

Ya tenemos claro que la diferencia entre climatización y ventilación está en cuál es el aire que se maneja en cada instalación.

Pero la realidad tiene muchos grados de complejidad, que hace que las cosas no sean necesariamente tan clasificables.

Aquellos que se dedican a tratar con el aire, piensan, y piensan mucho.

Por ejemplo, hay instalaciones de ventilación que cogen el aire exterior pero, antes de impulsarlo al ambiente interior, lo tratan de algún modo, como pueda ser enfriarlo o calentarlo, aunque sea “un poco”.

De hecho, hay muchos sistemas que se proyectan de manera mixta, de manera que una parte del aire que se climatiza es aire exterior (generalmente se le llama “aire primario”), que pasa por las unidades de tratamiento.

Si cuando el aire primario llega a las unidades de tratamiento de aire, ya llega un poco “pre-tratado”, las unidades de tratamiento tienen que esforzarse menos (eficiencia energética).

Si el sistema de climatización es “por conductos”, la mezcla de climatización y de ventilación es más evidente.

Si el sistema no tiene conductos, como ocurre con el VRF (o VRV, como también se le llama), no lo es tanto, pues por una instalación de VRF no circula aire, sino solamente el agente refrigerante, en caudal variable; así que no renueva el aire.

 

Difusores y rejillas de retorno.

Para la mayor parte de las personas, una rejilla es una rejilla, pero en el campo del aire acondicionado hay que precisar.

Hay “rejillas” por las que se impulsa aire al ambiente, y hay rejillas por las que se saca aire del ambiente.

Entrecomillamos las rejillas para la impulsión porque, generalmente, son algo más que rejillas: son los difusores.

De hecho, los difusores muchas veces no tienen pinta de rejilla, pudiendo asemejarse incluso a un megáfono u otras cosas.

El asunto es que, con toda la complejidad que conlleva, su objetivo es que el aire (tratado o primario) entre en el ambiente interior.

Los difusores pueden traer aire de otro sitio (del exterior, generalmente) o impulsar el aire interior tratado que recogen tal cual explicábamos al principio.

El caso es que, si pones la mano delante de uno de estos, notarás que sale aire.

Sin embargo hay otras rejillas, y éstas sí que suelen ser rejillas tal cual, que verás en los falsos techos o en los paramentos… cuya función es sacar el aire del ambiente interior.

Son las rejillas de retorno.

 

La presión del aire en los ambientes.

Volvamos al caso de la cocina.

Imagina que estás preparando unas sardinas fritas (por decir algo).

¿Qué te viene inmediatamente a la cabeza?

Sí, seguramente será el olor.

El olor se compone de partículas que se suspenden en el aire, mezclándose con él, que son detectadas por nuestros receptores olfativos y que el cerebro es capaz de interpretar.

¿Qué haces para que el olor a sardinas fritas no se propague por toda tu casa?

Generalmente, cierras la puerta de la cocina, evitando la salida del aire hacia las otras estancias, y también haces algo más:

  1. Abres la ventana, para que se vaya el olor.
  2. Usas un extractor de aire

Si abres la ventana, te puedes encontrar con la sorpresa de que haga viento, y sople hacia el interior de tu cocina, pudiendo ser un mal remedio.

Cuando usas un extractor, como pueda ser una campana extractora de las que se colocan encima de los fogones, hay menos riesgo de que el olor se propague, incluso hay viviendas en las que la cocina está abierta, sin paredes, integrada en el salón, y confía completamente en que la campana extractora se encargará de que, cuando cocines sardinas fritas, el olor no se mueva del propio lugar de cocinar, lo cual puede ser mucho confiar.

 

Espacios en sobrepresión y espacios en subpresión.

Ya vas viendo las bases de todo esto.

Cuando impulsas aire a un ambiente, esa impulsión es, al fin y al cabo, un empuje.

Empujas aire hacia un ambiente, y eso provoca un aumento de la presión: ya había aire, y tú estás insuflando más aire en el mismo espacio. Lo estás comprimiendo.

Como las estancias no son estancas, y la presión tiende a volver a sus valores de equilibrio, el aire de esa estancia tiende a expandirse (por debajo de las puertas y por cualquier hueco que encuentre), y pasa de una habitación a otra.

Hay estancias en las viviendas en las que se generan olores, y una sobrepresión de aire en esos espacios provocaría la transmisión de dichos olores a otras salas.

Hablamos, por ejemplo, de aseos y de cocinas.

Por lo tanto, lo que se busca en estos lugares es que haya un ambiente en subpresión, y eso se consigue mediante la extracción del aire.

Si cuando impulsas aire a un ambiente, lo estás presionando, cuando lo extraes, estás dejando espacio para más aire.

 

Espacios en subpresión y climatización.

No se llevan bien.

Si en tu cocina colocas un difusor de aire que esté impulsando, lo que te está generando es una sobrepresión, y es un espacio que debe estar en subpresión.

Por lo tanto, al menos durante la generación de olores y hasta la eliminación de los mismos, si activas tu difusor en la cocina, puedes contar con que el olor se propagará por tu casa, o por tu oficina.

¿Significa esto que no puedo climatizar la cocina o el baño?

No.

Pero hay que hacer algo más complejo: provocar circulación de aire.

Si tu campana extractora es capaz de sacar el aire con olor a la velocidad suficiente como para que la sobrepresión ocasionada por tu difusor no lo disperse, no tendrás problemas.

 

El sistema de retorno.

Ya hemos mencionado la existencia de rejillas de retorno. Vamos a explicar un poco más.

Imagina una estancia completamente estanca.

A esa estancia le insuflas aire mediante un difusor de un sistema de climatización.

Según va entrando más aire, la presión en el interior de la sala se hace mayor, y el aire tiende a expandirse, cada vez con más fuerza.

Al final, llegará un punto en que el aire interior haga tanta fuerza por salir que el difusor será incapaz de insuflar más aire a la sala, y se bloqueará.

Si a la estancia se le abre un hueco en algún sitio, al haber sobrepresión el aire saldrá por ahí.

Es decir, has provocado que haya aire tratado entrando, y aire cargado saliendo de la sala.

En otras palabras: el aire circula.

No vamos a entrar a analizar la posición ideal de las rejillas, o si se deben ayudar mediante extractores… Hay muchos sistemas distintos, y cada caso es particular.

Pero sí que debes saber que, si no hay sistema de retorno, el resto no funcionará.

 

¿Qué haces con el aire del retorno?

Pues también hay muchos sistemas posibles, con diseños diferentes, que buscan la eficiencia energética aprovechando parte de la energía del aire de retorno para consumir menos, etc.

Pero, básicamente, el aire de retorno lo transportas desde el ambiente interior hasta el exterior.

Es decir, se trata de algo necesario para el funcionamiento de las máquinas del sistema de climatización, pero fundamentalmente debe ser parte de la instalación de ventilación, y esto no siempre se hace así, por lo que es necesario comentarlo.

Imagina que hay una cocina en tu oficina, y que colocas un extractor.

Ese extractor coge el aire de la cocina y se lo lleva, pero… ¿a qué sitio?

Hemos visto de todo en nuestra experiencia, pero te será muy intuitivo pensar que si el aire que sacas de la cocina lo sueltas en un lugar poco adecuado, ese aire puede volver a la oficina y distribuirse.

 

Caso particular: retorno “plenum”

Si visitas un local y te dicen que el retorno es por plenum, lo que significa es que la instalación de retorno del aire no está formada por conducciones.

Cuando ves la rejilla de retorno en el falso techo (por ejemplo), detrás de la rejilla no hay nada, simplemente está la cámara de aire del falso techo de la oficina.

Dando por hecho que esa cámara del falso techo está comunicada por toda la oficina (cuidado con las barreras acústicas o fónicas, y con los tabiques de salas con requisitos de resistencia a fuego), lo que tiene el sistema es un extractor general (o a veces ni eso) cerca de una chimenea de ventilación, que genera una subpresión en la cámara del falso techo, atrayendo el aire hacia la chimenea de manera que se expulsa por ella.

A veces, el conocido “efecto Venturi” permite que no haya extractor, aunque no puede ser mucho confiar, y en muchos sitios la Normativa no permite esas confianzas, obligando a colocar una máquina extractora.

Tiene la ventaja del coste (tiene pocos elementos), y también tiene la ventaja de que, dentro de un orden ( si hacemos el bestia, no funcionará nada), tienes flexibilidad para mover las rejillas de retorno simplemente moviendo una placa de falso techo, sin modificar conductos (no hay conductos).

Por eso, en locales y oficinas vacías, es común que te lo encuentres.

 

Volvemos: diferencia entre climatización y ventilación.

Espero, con todo esto, que tengas clara la diferencia entre climatización y ventilación.

Nuestra experiencia es que quienes están visitando un local para ver sus posibilidades en una nueva implantación, suelen fijarse en que tenga elementos por los que circula aire (splits, difusores, rejilla de retorno…), lo cual suele ser indicativo de que existe una instalación de climatización.

Pero, sin embargo, no suelen fijarse en cómo se renueva el aire, cómo se ventila esa oficina.

No es tan extraño encontrarse con espacios que no tienen aporte de aire, y si no te das cuenta a tiempo (ya que, si no lo tiene, lo tendrás que poner tú), te llevarás una sorpresa más adelante: y cuanto más adelante tengas la sorpresa, generalmente menos te va a gustar.

Así que, aunque solo sea para que en tus prospecciones de posibles locales y oficinas le dediques unos momentos a analizar este asunto, espero que te haya sido útil este artículo, que podría ser mucho más largo, pero que vamos a dejar aquí.

 

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