¿Se usan las áreas de sofás en tu oficina?

Se usan las áreas de sofás en tu oficina

¿Estás pensando en que tu oficina no tiene una zona de soft seating, y que debería tenerla?

¿O eres de los que hace ya tiempo que tiene un área de sofás en tu espacio de trabajo?

¿Quieres saber si merece la pena dedicar unos valiosos metros cuadrados a este tipo de espacios?

Vamos a verlo.

Ya no es tan novedoso poner sofás en los espacios de trabajo.

Una de las cosas que parece olvidarse es que las cosas son novedosas cuando lo son, cuando se crean, cuando se dan a conocer… y con el tiempo dejan de serlo.

A estas alturas, ya es algo habitual incluir zonas de butacas en las oficinas.

 

Por tanto, ya se puede analizar qué ocurre.

Ya son muchas las empresas que incluyeron los sofás dentro de sus espacios de trabajo, más allá de las tradicionales zonas de recepción y espera, donde la única función de este tipo de muebles era que las visitas no tuvieran que esperar de pie a ser recibidas.

De modo que ya se puede ver qué ha funcionado y qué no ha funcionado, para que tú puedas tomar la decisión de qué hacer, en tu caso propio.

 

¿Son las zonas de sofás espacios productivos?

Sí, lo son.

Un sofá es tradicionalmente un mueble para el descanso, pero desde hace algún tiempo también se viene identificando con un lugar para trabajar.

De hecho, los sofás de oficina suelen tener tomas de corriente, de red de datos, USB, HDMI…

Pero también en las viviendas va siendo habitual que, cuando vas a hacer algo con tu smartphone o con tu tablet, no te sientes en una silla frente a una mesa, sino que lo hagas desde el sofá de tu salón, porque te resulta más cómodo.

Algo similar ocurre en la oficina.

 

La clave es entenderlo como algo productivo.

El problema que tienen habitualmente las áreas de sofás en las oficinas es la percepción que se tienen de las personas que las usan.

Esto cobra una especial relevancia en el caso de los managers y directivos, que son los que marcan el uso o no de estas zonas.

 

Si no los vas a dejar usar, no los pongas, o quítalos si los tienes.

El principal obstáculo con el que se han encontrado las zonas de soft seating en las oficinas es que hay directores que identifican el uso de los sofás con el tiempo de descanso, no con el trabajo.

Por tanto, sea de manera explícita o implícita, o bien se prohíbe el uso de las butacas a los empleados a su cargo directo, o bien se desaconseja.

El desaconsejar el uso de estas zonas es lo más común en empresas cuyos managers no las ven con buenos ojos.

Tal vez les resulta demasiado brusco prohibir a las personas a su cargo el uso de los sofás, pero sí que influyen con sus comentarios “informales”.

Por ejemplo, si un empleado ha tenido un rendimiento inferior a lo esperado, y públicamente su responsable le abronca y hace referencia a que pasa mucho tiempo en los sofás de la oficina, todos los demás rápidamente tomarán nota de que su jefe no ve con buenos ojos que se trabaje sentado en asiento distinto de la silla operativa de oficina que la empresa les ha asignado.

Y por tanto, las zonas de sofás quedarán vacías.

Si los sofás no se usan, realmente ocupan una superficie de oficina que queda infrautilizada, y que sería mejor destinar a cualquier otra cosa.

Por tanto, si no ves con buenos ojos que tus empleados usen los sofás, no los pongas (y si los tienes, quítalos).

Si cambias de idea y entiendes el espacio de trabajo de manera que tengan cabida estos asientos, entonces será el momento de incluirlos en tu oficina.

 

Los dispositivos electrónicos han llevado los sofás a las oficinas.

Cuando se trabajaba con papel, era muy incómodo realizar las tareas laborales desde el sofá, porque se necesitaba una superficie amplia de escritura, una mesa era la única opción.

Cuando se pasó al uso de ordenadores de sobremesa, seguía siendo difícil trabajar desde un sofá, porque en algún sitio había que colocar la CPU, el teclado, el monitor y el ratón.

Además del número de piezas, cada componente de un ordenador tenía un tamaño demasiado grande para trasladarlo de manera cómoda (monitores de tubo, CPUs grandes…)

Pero cuando los ordenadores portátiles (laptops) llegaron a niveles de potencia suficientes, fueron paulatinamente sustituyendo a una gran parte de los ordenadores en las oficinas.

Estos laptops, portátiles por definición, te los llevas a cualquier parte: empieza a tener sentido trabajar desde un sofá.

Incluso va desapareciendo para muchos el ratón, pues muchos laptops tienen un touchpad que lo sustituye, y está prácticamente integrado en el teclado.

Pero todo esto se ha hecho realmente evidente con la llegada de dispositivos monopieza y realmente ligeros, como son las tablets y los smartphones.

Son dispositivos que funcionan con batería, que están constantemente conectados a Internet sin cables, que pesan poco, en los que escribes directamente en la pantalla…

Al irse generalizando u uso, lo que empieza a verse como extraño es que alguien se siente en una silla de oficina y en una mesa para usar un teléfono móvil o una tableta.

Por eso, la mayor parte de sofás y butacas para las oficinas (y cada vez más, también para las viviendas) están pensados no solo para las personas en actitud de descanso, sino también para el uso de estos dispositivos.

 

Los accesorios de los sofás de oficina para usar el portátil o la tablet.

Si la imagen que te viene a la cabeza de alguien usando una tablet en un sofá es una persona tumbada boca arriba, sosteniendo la tablet a pulso, es fácil pensar que eso no tiene nada de cómodo, ni de ergonómico, ni de productivo.

Pero los fabricantes de mobiliario de oficina desarrollan constantemente accesorios para los sofás que permiten que el trabajo desde estos asientos sea cada vez más productivo.

Existen soportes para portátiles, brazos móviles para apoyar cosas, complementos plegables que saben de debajo del sofá, o que se cuelgan de los respaldos… y cada vez, lógicamente, hay más.

Por tanto, cuando te plantees tu área de sofás, no solo pienses en los asientos en sí, sino que has de contemplar también los complementos necesarios para que sea un área de producción real.

 

Conclusión.

Como ocurre con todo lo que incluyas en tu proyecto de oficina, tendrá o no tendrá lógica en relación a cómo se vaya a trabajar en ese espacio.

Si todo el mundo va a trabajar con ordenadores de sobremesa, las áreas de soft seating generalmente no tendrán mucho uso por parte de los empleados.

Si vas a transmitir el mensaje a las personas a tu cargo de que aquellos que usen los sofás no van a ser bien mirados por ti o por la empresa, lo más probable es que se queden vacíos.

Si vas a provocar que sean áreas vacías, lo mejor es que no las pongas, y que si las tienes ya, las quites.

Pero si se integran en el modo de trabajar en tu empresa, y forman una parte funcional dentro de tu espacio de trabajo, entonces puedes conseguir que este tipo de áreas de sofás sea realmente productivo para todos los que usen el espacio de trabajo.

Entonces, adelante con lo que mejor te vaya a ti.

 

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