Tipos de detectores de incendio para instalación de PCI.

Los detectores de incendio pueden ser de distintos tipos, y funcionar de maneras diferentes.
Los detectores de incendio pueden ser de diferentes tipos (Imagen base de Arnau Soler)

Dentro de la instalación de protección contra incendios (PCI) de un espacio o un edificio, hay una parte dedicada a la detección del fuego.

Es el primer paso para activar todos los mecanismos que sean necesarios para proteger a las personas frente a una situación de presencia de fuego que pueda descontrolares y resultar muy peligrosa.

Una instalación de PCI consta de elementos dedicados a varios cometidos:

  • Detección
  • Alarma
  • Contención del fuego
  • Extinción
  • Evacuación

En este caso, vamos a hablar de los detectores, que son una parte de la instalación de PCI dedicada a la detección, como decíamos.

¿Qué es un detector de incendios?

Es un dispositivo que es capaz de detectar que en un espacio hay presencia de fuego.

Esa detección la realizará mediante mecanismos diferentes, dependiendo del tipo de detector que sea (ahora lo veremos).

Son aparatos eléctricos, que lo que realmente hacen es sospechar, basándose en unos parámetros indicadores, que puede haber un incendio.

¿Para qué sirven los detectores de incendio?

Efectivamente, el hecho de que el detector sospeche que puede haber fuego en un espacio debe tener alguna utilidad.

Para ello, los detectores de incendio se conectan a una centralita de incendios, que viene a ser como el procesador de la instalación, y que es la que hace que se activen los sistemas que sean necesarios y que le hayan sido programados (alarma sonora, alarma óptica, aviso a personas y bomberos, desbloqueo de puertas, activación de extinción automática…).

Existen detectores «autónomos» que integran algún tipo de alarma, de modo que pitan si sospechan que puede haber incendio, aunque no estén conectados a una centralita.

En general, estos detectores son más habituales en espacios domésticos, o en espacios en los que no es obligatoria por Norma una instalación de detección de fuego, pero que los usuarios o los propietarios prefieren implementar, ya que están del lado de la seguridad.

Las personas como detectores de incendio.

El sentido común es el sentido común.

Exista o no una instalación de detectores de humos, si una persona detecta que hay presencia de fuego, ha de activar todos los mecanismos de protección que sean necesarios.

Es decir, que esa persona deberá pulsar la alarma, avisar a los responsables de Seguridad de la oficina o del edificio, llamar a los bomberos, avisar a las personas que estén en el espacio o el edificio, etc.

Las personas son más eficaces ante la presencia del fuego que los detectores.

La dificultad con la que se encuentran las personas que detectan fuego en algún sitio es la evaluación del riesgo que supone.

La recomendación es intentar actuar siempre del lado de la seguridad, y no confiarse, pues el fuego tiende a expandirse con más facilidad de la que parece, de modo que, ante la duda, mejor es activar los mecanismos de protección, aunque te parezca exagerado.

Los detectores de incendio funcionan por indicadores.

Los detectores, realmente, no saben si hay fuego o no, no son como las personas, que lo ven con sus ojos, lo huelen con su nariz, etc.

Por tanto, lo que hacen los detectores es establecer unos mecanismos que les indiquen una fundada sospecha de que existe fuego.

La conocida expresión de «si hay humo es que hay fuego» es la base de cómo funciona cualquier tipo de detector de incendio, no porque se basen todos en el humo (hay algunos que no), sino porque buscan elementos que también existen cuando se produce fuego, y que sí pueden detectar o medir.

Detectores de incendio iónicos.

Si bien en muchos países ya no está permitida su instalación nueva, puede ser que te os encuentres en instalaciones existentes.

Se basan en el cambio de conductividad eléctrica del aire.

Dentro del detector, existe una cámara de ionización con dos electrodos entre los cuales existe siempre una corriente eléctrica favorecida por la presencia de un isótopo radiactivo en ínfima cantidad.

La cámara está abierta al aire, y si entra humo entre los electrodos, se ioniza y por tanto baja la corriente entre ellos.

Esto es lo que provoca que el detector interprete que existe humo, y por tanto, sospecha que hay fuego, y da la señal a la centralita.

Si bien siempre se ha considerado que la cantidad de isótopo emisor de las partículas alpha (que son radiactivas) no suponían, debido a su escasa cantidad, un problema de salud, sí que se ha considerado un problema de tratamiento de residuos una vez se desechan los detectores.

Por este motivo, está prohibida la instalación de estos detectores en instalaciones nuevas en algunos países, aunque no todos ellos obligan a la retirada de los existentes.

Detectores de incendio térmicos y velocimétricos.

Como decíamos antes, no todos los detectores de incendios usan el humo como indicador de que pueda haber fuego.

Algunos detectores se basan en la temperatura.

Hay dos maneras básicas de trabajar el indicador «temperatura» para sospechar que pueda haber presencia de fuego.

  • Medición de temperatura.
  • Velocidad de aumento de temperatura.

Es un hecho que cuando se declara un incendio en un espacio, la temperatura de ese espacio sube.

Si un detector que incorpora un termómetro llega a niveles de lectura que considera inaceptables, entonces sospecha que en ese espacio hay fuego, y que debe de ser la causa más probable de que haya subido la temperatura hasta esos niveles.

Por tanto, cuando la temperatura alcanza unos ciertos niveles, el detector comunica a la centralita o a la alarma que se pongan en funcionamiento.

Este tipo de detectores tenían una crítica habitual, y es que es probable que, para cuando la temperatura del espacio en cuestión haya subido hasta los niveles que hagan que el detector de la alarma, puede ser que el fuego sea ya incontrolable, o que haya producido daños.

Por tanto, se pensó en otro criterio basado en la temperatura, y es la velocidad.

Si un detector mide un incremento de temperatura demasiado rápido como para ser algo ambiental, entonces sospecha que se debe a la presencia de fuego.

En estos casos, la activación es más temprana que si solamente esperas a que la temperatura suba, ya que establece una conexión causa-efecto que se produce antes.

Cuando la temperatura empieza a subir, un detector basado en la temperatura no se activará, y esperará a que alcance niveles altos.

Sin embargo, un velocimétrico se activa si la subida de temperatura es rápida, aunque sus valores sean todavía bajos.

Detectores de incendio ópticos.

La presencia de humo en un ambiente tiene incidencia en el paso de la luz a su través.

Este tipo de detectores de humos lo que buscan es interpretar esas alteraciones en el paso de la luz por el aire provocadas por la presencia de humo, y así inferir que hay presencia de fuego.

Se basan en un emisor de luz y un receptor, de tal manera que se establece un flujo luminoso constante y estable entre ellos.

Si hay humo, ese flujo luminoso se verá alterado, sea por oscurecimiento o por dispersión.

Eso es lo que el detector establecerá como indicador para activar la alarma o la centralita.

El haz de luz no suele ser visible, sino que se utiliza luz infrarroja, o un haz láser… de tal manera que no porque apagues o enciendas las luces, o subas o bajes las persianas, el detector se vaya a pensar que haya un incendio.

El modelo más habitual de detector óptico de incendios es el que incorpora el emisor y el receptor dentro de la misma cápsula, pero cada uno mirando hacia un lado en ángulo superior al recto, de forma que la luz emitida no llega a ser recibida por el receptor de manera habitual.

Sin embargo, si en la cámara entra humo, se produce una refracción de la luz debida a las partículas del humo, y esos «rebotes» de fotones hacen que el receptor capte la luz lanzada por el emisor.

Entonces interpreta que, si le ha llegado la luz, es porque hay partículas, que pueden ser de humo, y por tanto, activa la alarma o la centralita.

¿Y si no es humo?

Como vemos, los detectores ópticos se basan en el comportamiento de la luz en presencia de partículas en el aire.

Tal vez te preguntes cómo puede saber el detector si se trata de humo, o si ese oscurecimiento o esa refracción de la luz se debe a otro tipo de partículas, como puedan ser las de polvo en suspensión.

Si bien algunos detectores, ya digitales, incorporan software que hace rápidamente algunas comprobaciones adicionales para intentar distinguir el humo de lo que no sea humo, es muy habitual que el detector, simplemente, no sepa si es humo o no.

Una vez más, hay que recordar que estamos hablando de algo muy serio, el fuego, y por tanto, los detectores se comportan del lado de la seguridad.

De modo que, actuando del lado de la seguridad, si detectan partículas, aunque no sean capaces de discernir si es humo o polvo, dan la alarma.

Es típica la imagen televisiva de una persona fumando debajo de un detector, y que el detector activa el sistema anti-incendios.

Aunque sea de manera exagerada, es prudente, y por tanto, está del lado de la seguridad.

Mucho más habitual es la cantidad de falsas alarmas que se producen en espacios que están en obras, ya que suele haber más presencia de polvo en suspensión de la que es habitual, y los detectores saltan porque piensan que es humo.

Puede ser incómodo, pero es por seguridad ante algo tan serio como un incendio.

Los detectores son solo una parte de la instalación de PCI.

Aunque ya lo dijimos antes, terminamos recordando que los detectores son solo una parte de la instalación de protección contra incendios, y que la idea de seguridad frente al fuego ha de estar presente en la mentalidad, tanto de diseñadores como de usuarios, en todos sus aspectos (propagación, evacuación, alarma, evacuación, extinción, detección…).

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