Tip para evaluar tu oficina: ¿Qué tal la accesibilidad?

Oficina accesible

Imagen de Brad Barmore

Si te estás planteando elegir un local para tu nueva oficina, son muchos los aspectos a los que debes prestar atención para evaluar si te resulta válido o no.

Hoy te mencionamos la accesibilidad, pues puede ser un elemento decisivo en tu elección.

El local para tu oficina ha de ser accesible.

El local que seleccionas para instalar tu oficina es el punto de partida de tu proyecto.

Por tanto, si el edificio y el local ya tienen características de accesibilidad correctas, te resultará mucho más factible implantar tu actividad allí, que si no las tienen.

La Normativa de muchos países exige unas determinadas prestaciones relacionadas con la accesibilidad en los lugares de trabajo, que has de cumplir.

Es importante que te grabes en la mente que, por este motivo, si tu oficina no cumple con las normas de accesibilidad, no obtendrás tu licencia de actividad, o el equivalente en el lugar en que estés: no podrás inaugurar tu oficina legalmente.

Por tanto, es necesario recurrir a esas normas para repasar qué es lo que se entiende como lugar de trabajo suficientemente accesible en el lugar en que vas a implantar tu actividad.

Es muy probable que en el texto normativo se haga referencia a cuestiones tales como salvar desniveles mediante rampas, pendientes máximas de esas rampas, anchos de pasillos, tamaños mínimos de ascensores y elevadores, espacios de giro para sillas de ruedas, aseos adaptados para personas con impedimentos físicos, etc.

Es importante que prestes atención a estas cosas, porque a veces tendrás la capacidad de subsanar las carencias del edificio mediante tu proyecto de implantación de oficinas, pero otras veces no te será posible.

En algún punto intermedio puedes encontrarte con que tu proyecto de implantación puede subsanarlas, pero a un coste elevado.

Y no es nada extraño que haya carencias, ya que generalmente las normas de obligado cumplimiento relativas a la accesibilidad en los espacios de trabajo (y en las ciudades, en general) son relativamente recientes, si bien en algunos lugares ya llevan en vigor varios años.

Ejemplo:

Imaginemos que estás pensando en alquilar o comprar un espacio que está en la planta 4ª de un edificio de oficinas.

Vamos a pensar que ningún ascensor del edificio tiene el tamaño mínimo que exige la Norma de accesibilidad correspondiente… ¿Cómo vas a subsanar esa deficiencia?¿Vas a cambiar tú el núcleo de ascensores del edificio solamente para alquilarte un espacio en la planta 4ª?

Ahora piensa que sí que hay un ascensor que cumple con las dimensiones mínimas… pero para llegar hasta él, hay que subir una escalera de 10 peldaños sin posibilidad de alternativas… Pues sigue sin ser accesible, porque una persona en silla de ruedas (por ejemplo) no puede subir 10 peldaños para llegar a ese ascensor.

Si te parece que estoy diciendo cosas extrañas, solo tienes que dar una vuelta por cualquier ciudad y prestar atención a estas cosas, y seguramente te sorprenderá la cantidad de deficiencias que los edificios tienen en este aspecto.

El motivo es que los elementos accesibles ocupan mucho más espacio que los que no lo son.

Esos 10 peldaños de los que hablamos pueden estar salvando un desnivel de entre 1’20m y 1’80m, y su desarrollo en planta estará alrededor de los 3m.

Para salvar ese mismo desnivel con una rampa que esté alrededor del 8% de pendiente, dicha rampa tendría una longitud de entre 15m y 22m aproximadamente.

Una escalera con una huella de 30cm y una contrahuella de 15cm (por poner un ejemplo) tiene una pendiente media del 50%, mientras que una rampa suele oscilar entre el 6% y el 10%, dependiendo de cada caso.

Espero que con este ejemplo te conciencies de que puede no ser factible incorporar a tu proyecto soluciones de este tipo si no existen ya en la arquitectura del edificio.

 

No pienses en la accesibilidad como algo únicamente relativo a personas con discapacidad física permantente.

Más allá de la Normativa, es realmente sano pensar en términos de accesibilidad.

Y para que te resulte más cercano y más fácil identificarte con personas con restricciones físicas de movimiento, no has de pensar en ello como algo que afecta exclusivamente a unas ciertas personas que van en silla de ruedas.

A lo largo de mi carrera he recibido muchas veces la respuesta de clientes que decían que no necesitaban medidas de accesibilidad en sus espacios de trabajo porque allí no trabajaba nadie con problemas de movimiento físico.

Aparte de que este tipo de razonamiento lleva a un modo de operar discriminatorio respecto a personas con deficiencias físicas (¿Por qué en toda tu empresa no hay absolutamente ni un solo empleado que tenga problemas físicos?¿Tiene algo que ver con vuestro criterio de contratación?), hay que evitar entender todo esto como algo relativo exclusivamente a un cierto grupo de personas.

Es decir, piensa que tú mismo, o cualquiera de las personas que trabajáis en tu oficina, podéis ser discapacitados físicos temporalmente en cualquier momento.

No hace falta que pienses en grandes accidentes, simplemente con que te tuerzas un tobillo al andar, o un mal gesto haciendo deporte… ya te vinculan a unas muletas o a una silla de ruedas, aunque sea por unos días. Y estas cosas le ocurren a cualquiera, por lo que la accesibilidad afecta a todos.

 

Tu proyecto ha de ser para una oficina accesible.

Al final, tu oficina ha de cumplir con las especificaciones de la Normativa en relación a la accesibilidad.

Y a ello se llega mediante la combinación de las características del local y del edificio junto con tu proyecto de implantación.

No sirve de nada que el edificio tenga rampas, ascensores amplios, etc, si luego tú instalas un suelo técnico en tu oficina (suponiendo que no esté preparada para ello) y generas un escalón de 18cm en la puerta de entrada a tu espacio de trabajo, sin ofrecer una solución como pueda ser una rampa.

O si los pasillos interiores son demasiado estrechos, o si los aseos quedan dentro de tu oficina y no hay ninguno adaptado para personas con minusvalías físicas (permanentes o temporales), etc.

 

Combina sentido común y normativa de accesibilidad.

El sentido común es la mejor guía cualitativa para conseguir que tu espacio de trabajo sea accesible a personas con discapacidad física.

Rápidamente pensarás en estas cuestiones que hemos mencionado: los pasillos deberán ser anchos, el ascensor deberá ser amplio, las rampas deberán tener pendientes razonables, los aseos adaptados deberán ser cómodos de usar… si hay alguna barrera (algún escalón por ahí, por ejemplo), buscarás la manera de salvarla.

Sin embargo, te quedará la duda de la cuantificación de estas cosas: cómo de anchos han de ser los pasillos, cómo de amplio debe ser el ascensor, cómo de tendidas han de ser las rampas para ser razonables, qué elementos debe haber en un aseo adaptado y qué dimensiones ha de tener…

Para eso está la Normativa de Accesibilidad, para que tú no tengas que suponer cuál es el radio de giro de una silla de ruedas, o las dimensiones de un ascensor…

La Normativa pone cifras, cuantifica esas cosas.

 

Conclusiones.

Tu oficina ha de ser accesible, tanto por cuestiones prácticas, por principios, y también porque es muy probable que haya una Normativa en tu lugar de trabajo que te obligue legalmente a ello.

Para que tu espacio de trabajo sea accesible, es importante que el edificio y el local en los que te instales te permitan conseguirlo, bien porque ya son accesibles o bien porque es factible que tu proyecto supla sus carencias en este sentido.

Cualquier persona puede tener una discapacidad física en algún momento, no pienses en personas en silla de ruedas exclusivamente como un grupo aparte.

Técnica y económicamente hablando, suplir con tu proyecto de oficinas las carencias de accesibilidad del edificio puede ser muy relevante para tu bolsillo.

La accesibilidad no es algo secundario.

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