¿De verdad piensas que la silla de oficina no es importante?

La silla de oficina es un elemento muy importante para la ergonomía en el lugar de trabajo
En una oficina se pasa mucho tiempo en una silla. Su importancia para la ergonomía en el lugar de trabajo es altísima, y se está pasando por alto.

Hay tendencias de diseño de oficina muy extendidas que buscan cambiar la imagen del espacio de trabajo para que recuerde a algo más doméstico, o a un hotel, o a una cafetería.

Sin embargo, la silla es un elemento importantísimo para la ergonomía en el lugar de trabajo y, por tanto, para la salud de las personas.

¿No es importante?

La silla de oficina tiene un diseño pensado para la ergonomía durante horas de uso.

Si tu trabajo en la oficina implica pasar mucho tiempo sentado/a en una silla, la influencia de ésta en la ergonomía de tu lugar de trabajo es altísima.

Si comparas la cantidad de horas semanales que pasas en la silla de oficina con el tiempo real que pasas en cualquier otro asiento, es probable que la silla de oficina sea el asiento en el que más tiempo pasas, con diferencia.

Cuando piensas en tu casa, has de dividir el tiempo de uso de las sillas entre las que tengas: tal vez uses unas sillas para el tiempo de la comida o la cena, otro asiento (tal vez un sofá o una butaca) para ver la TV…

El error está en pensar que todo el tiempo que pasas en tu casa lo pasas en una misma silla: eso no es así, como acabamos de ver.

Si pasaras 8 horas cada día sentado/a en tu silla para comer, día tras día… ¿qué tal estaría tu espalda, tu cuello o tus lumbares?

Las sillas de oficina están diseñadas para ese uso tan intensivo y extensivo.

La Normativa obliga a las sillas de oficina a cumplir requisitos que no cumplen las de hogar.

Una de las obviedades que más comúnmente se pasa por alto es que los espacios de trabajo, como las oficinas, están sujetos a una Normativa muy extensa, que además es de obligado cumplimiento para poder funcionar.

Esta Normativa alcanza a los elementos que componen la oficina, y entre ellos, el mobiliario, que incluye las sillas.

En una oficina existen, básicamente, 2 tipos de silla y asiento: la silla operativa (la del puesto de trabajo), y las demás (reuniones, comedor, taburetes, zonas de espera…).

Como es fácil suponer, la atención se centra en la silla en la que pasas más tiempo: la silla operativa, ya que en el resto de asientos pasas menos horas, y de manera más intermitente (en la silla del comedor, mientras comes; en la silla de reuniones, mientras dura la reunión…y luego vuelves a tu silla operativa).

La incoherencia de exigencias entre oficina y vivienda.

Algo que no deja de sorprender es la diferencia de exigencias que se hace entre los espacios de oficina y los de hogar.

Si comparas la silla operativa de una oficina con una silla del salón de una vivienda, y te centras en los requisitos normativos y de uso, te encontrarás con que la lista de exigencias para la silla de oficina es bastante más larga y restrictiva que para la de hogar (que frecuentemente, ni siquiera tiene requisitos).

Esto no solo afecta a las sillas, pues ocurre con niveles de iluminación, climatización, ventilación, ruido, protección ante fuego… pero también a la ergonomía, y hablar de ergonomía y hablar de sillas es algo que va en conjunto habitualmente.

El juego de evocar imágenes agradables que no parezcan una oficina.

El juego que se plantea con el hecho de que la oficina no parezca una oficina, sino que parezca una vivienda, o una cafetería, es engañar a tu cerebro haciéndole pensar que no estás trabajando, que no estás cumpliendo con tu obligación diaria de cumplir con unas tareas laborales que te impone la empresa para la que trabajas a cambio de un salario; sino que te evoca a lugares en los que no trabajas, en los que no estás por obligación, sino que vas a tomarte algo, o a descansar… pero estás trabajando.

El engaño está en darte la sensación de que, como te sientas en una silla que es como la del salón de tu casa o como la de la cafetería a la que vas a tomarte tu bebida con tus amigos, pues estuvieras allí, en lugar de la oficina.

Pero estás trabajando.

Las imágenes acaban por evocar otras cosas si se manipula la actividad.

No vamos a profundizar acerca de este asunto en este artículo, pero lo que acaba por ocurrir es que si en el trabajo tienes una silla como la del salón de tu casa, puede que al principio la oficina te recuerde a tu casa, pero después será tu casa la que te recuerde a la oficina, desapareciendo esa sensación de hogar que tenía antes.

Del mismo modo, cuando vayas a la cafetería, empezará a parecerte un lugar en el que tienes que cumplir con un trabajo impuesto por la empresa para la que trabajas a cambio de un salario, y no ese lugar al que acudías a tomarte tu bebida o tu desayuno favoritos.

Un hotel de lujo en una playa paradisíaca es percibido de manera muy diferente por los clientes que por los trabajadores que han de dar servicio en él: lo mismo pasa con las oficinas, las cafeterías y los espacios de trabajo evocadores de otros espacios.

Hay buenas sillas de oficina y malas sillas de oficina.

Cabe señalar que, como en todo, hay elementos de mayor calidad que otros.

Hay sillas de oficina muchos mejores que otras.

Son muchos los motivos para poder afirmar esto, y no vamos a pormenorizarlos aquí ni ahora, pero es una realidad.

Si se tiene una silla de oficina, pero es una mala silla de oficina, se sacrifica la ergonomía, y por tanto, la salud de la persona que la usa.

Es decir, todo lo que hemos hablado antes no se resume en tener una silla de oficina, sino en tener una buena silla de oficina, lo mejor posible, ya que las sillas de oficina tienen un inconveniente: el precio.

El precio de las buenas sillas de oficina.

Según hayas ido leyendo este artículo, es probable que hayas ido pensando que, vale, te gustaría tener unas buenas sillas de oficina en tu espacio de trabajo.

Entonces, cuando te dispones a comprarlas, te llevas un susto: el precio.

Una silla de oficina tiene, en general, un precio bastante más elevado que el de sillas de hogar o de comedor (hay excepciones, pero son excepciones).

Ya, de base, es fácil comprender que los requisitos normativos de una silla de oficina tienen un coste de fabricación y de diseño, pues han de tener ciertos mecanismos de ajuste, los materiales han de cumplir con algunos requisitos… y todo ello, ya, de inicio, hace que las sillas de oficina tengan un precio más alto que una silla de hogar, que no tiene nada de eso.

Si, además, se habla de una buena silla de oficina, que no se ocupa solamente de cumplir los requisitos mínimos normativos sino que busca ir más allá (en comodidad, en ergonomía, en durabilidad… en lo que sea), no solamente los materiales utilizados serán de mayor calidad (y por tanto, en general, de precio más elevado), el apartado de I+D.

Los fabricantes de sillas de oficina de gama alta invierten mucho, pero mucho dinero en investigación y desarrollo tanto para el diseño como para nuevos materiales o nuevas aplicaciones de materiales ya existentes.

Toda esa inversión repercute en el precio de la silla, aunque su coste final de fabricación no sea tan alto, pero ha de compensar la inversión en I+D.

No hay que olvidar que, en este campo, la inversión en I+D la hacen los propios fabricantes.

Un punto intermedio.

Hemos visto que la silla de oficina es muy importante para la ergonomía en el lugar de trabajo, y para la salud de las personas.

Pero también hemos visto que el precio de las sillas de oficina puede elevarse bastante, especialmente si se habla de sillas de oficina de buena calidad.

No parece haber otra solución que tener en tu oficina las mejores sillas de oficina que te puedas permitir, según tu presupuesto disponible.

En general, es muy probable que te encuentres en un punto intermedio entre las sillas que quisieras instalar, y las que puedes permitirte instalar.

¿Acaso es algo extraño?

Pasa en muchos aspectos de la vida, y que ocurra con las sillas de la oficina, es habitual.

Puedes llegar a un punto en que lo que gastes en las sillas lo tengas que quitar de la calidad de la iluminación (que también es importante para la salud), o de los filtros de aire (que también son importantes para la salud)… o de lo que sea, ya que los recursos, no son ilimitados.

Se trata de que tengas claro que la silla de oficina no es sustituible por elementos a la moda, que trabajar 8 horas (por ejemplo) sentado/a en un puff, en un taburete sin respaldo, en una tabla de madera o en cualquier otro elemento de diseño jovial es perjudicial para la salud.

Con esto, déjanos hacerte un último apunte acerca de la viabilidad del coste de una silla de oficina de calidad, y ya lo dejamos por ahora.

El coste de una silla de oficina de calidad vs el coste de una baja laboral.

Hay sillas de oficina muy malas.

En general, las sillas de oficina muy malas generan patologías y problemas de salud a las personas que las usan.

Si nos centramos, simplemente, en los problemas a corto plazo, hablamos de dolores de espalda, de cuello, de «lumbago»…

Estas dolencias pueden impedir que esa persona acuda al trabajo durante unos días, y pueden ser causa de una baja laboral.

Las bajas laborales pueden producirse por mil circunstancias ajenas a las sillas y a ajenas a muchas cosas, pero en este caso estamos hablando solamente de las sillas.

Si la propia silla que has puesto en la oficina provoca que las personas que trabajan allí deban tomarse días de baja para recuperarse de los dolores, ahora solo tienes que comparar el coste de esos días de baja con el coste de la silla.

Más aún, comparar el coste de los días de baja con la diferencia de coste entre la silla (en el ejemplo, una mala silla) que compraste y el de una buena silla, que no provoque esos dolores ni esos días de baja.

Y estamos hablando solo de dinero, dejando de lado analizar que, caramba, uno/a no va a trabajar para que se le provoquen dolores de espalda (no es un trabajo de cargar materiales ni de corte físico, hablamos de una oficina), y puede llevar a la persona a replantearse su trabajo en la empresa, etc., etc., etc.

Es decir, en contra de lo que muchas veces se piensa, detrás de la compra de una buena silla de oficina no tiene por qué haber solamente una cuestión de imagen o de estatus, sino que también tiene un razonamiento económico.

Evidentemente, los trabajadores que ven que su empresa les proporciona asientos que cuidan su salud, lo han de apreciar, convirtiéndose, entre otras cosas, en un componente REAL de captación y retención del talento.

Pero eso ya es algo para tratar en otros artículos.

Un saludo.

 

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