Oficinas eficientes en edificios históricos.

Oficinas eficientes en edificios históricosPor una parte, te gustaría que tu oficina estuviese ubicada en el centro de la ciudad, en un edificio representativo.

Por otra parte, quieres que sea una oficina eficiente, que no malgaste energía, que sea ecológica,que incorpore las últimas técnicas para ello.

¿Es posible tener ambas cosas, o es incompatible tener una oficina eficiente con estar en un edificio histórico?

Vamos a verlo.

El edificio aporta una parte de la eficiencia.

En el resultado final de que tengas una oficina eficiente, el edificio en el que te instalas tiene mucho que decir.

Por más que hagas el esfuerzo en tu proyecto de implantación de adoptar medidas técnicas de última generación para incrementar la eficiencia, no te será posible si el edificio no ayuda.

Por ejemplo, las entidades que conceden sus sellos ecológicos y de eficiencia energética suelen separar el proyecto de implantación y el edificio.

Esto es porque no vas a llegar a los niveles de eficiencia que quieres si el edificio en el que te implantas no reúne una serie de características que estén en línea con tus objetivos.

Un ejemplo clarísimo es el de la fachada del edificio.

Si la fachada no es energéticamente eficiente, está incrementando el requerimiento de energía de tus instalaciones para que las condiciones ambientales se mantengan.

Sin embargo, si la fachada es eficiente, no será necesario recurrir tanto a las instalaciones.

 

Hay edificios históricos energéticamente muy eficientes, y edificios modernos que no lo son en absoluto.

Desde hace mucho tiempo, cuando se nos ha hablado de la idea de arquitectura eficiente y sostenible, se nos ha mostrado la imagen de un prisma de vidrio con mucha vegetación dentro.

Sin embargo, cuando se entra en el análisis de cómo hacer arquitectura bioclimática, se entiende que esa imagen es bastante contraproducente.

La mala arquitectura “eficiente” moderna recurre a las instalaciones (consumo de energía) para conseguir las condiciones ambientales interiores necesarias.

Pero decimos que eso lo hace la arquitectura mala porque ella misma es la que crea la necesidad de esas instalaciones.

La buena arquitectura eficiente moderna no responde a estereotipos ni tópicos, sino que analiza las cosas.

Sin embargo, los edificios históricos, cuando se diseñaron y construyeron, no disponían de tantas instalaciones, por lo que la arquitectura debía ser coherente con su gestión energética.

 

El muro y la ventana.

Por un lado, está el muro, la pared en sí.

En los edificios modernos, se ha intentado durante mucho tiempo reducir el espesor de la fachada, para ganar superficie interior.

Esto hace difícil conseguir que la fachada sea un aislante potente frente al exterior, y más aún si se hace de vidrio, si bien el vidrio se desarrolla cada vez más hacia lograr niveles de eficiencia no alcanzados anteriormente por este material.

Pero en los edificios históricos es habitual que te encuentres con fachadas muy gruesas, que suelen ser parte de la estructura portante del edificio.

Estas fachadas, ya simplemente por la cantidad de masa que tienen, aíslan el ambiente interior del exterior.

 

Lo contrario ocurre con las ventanas.

Por un lado, estaba el muro en sí, y por otro lado, están las ventanas.

En los edificios históricos, de fachadas gruesas y aislantes, cuando llegamos a los huecos (ventanas, balcones), nos encontramos con unos grandes puentes térmicos.

Si se trata de un edificio que no tenga muchas ventanas, y que éstas sean pequeñas (ocurre en muchos edificios históricos), no es un grave problema.

Pero si se trata de un edificio con grandes ventanales, o con una proporción entre huecos y macizos elevada, esos puentes térmicos constituyen un gran problema para la eficiencia del edificio, porque hay unas pérdidas de frío y de calor enormes.

Sin embargo, en la arquitectura actual existen modelos de ventanas que consiguen reducir muchísimo los puentes térmicos y contribuir decisivamente a la consecución de una oficina eficiente.

Una buena ventana ahorra mucha energía en climatización.

 

No puedes hacer cambios en un edificio histórico.

Cuando un edificio se cataloga como de interés artístico, de interés histórico o de interés cultural, se le asignan una serie de grados de protección pensados para su preservación en las condiciones más parecidas a cuando fue construido que sea posible.

Según el grado de protección, tendrás más o menos libertad para modificar el edificio.

Es posible, por ejemplo, que se permita la implantación de oficinas en el interior del edificio, pero seguramente tendrás restricciones a tu proyecto, en función del valor histórico, artístico o cultural de los elementos que haya donde te vas a instalar.

 

Las fachadas suelen se intocables.

Sin embargo, uno de los puntos que mayor grado de protección suele tener en los edificios históricos es su fachada.

Es posible que, según has leído los párrafos anteriores en los que hablábamos de que las ventanas modernas funcionan bien energéticamente y las fachadas gruesas de los edificios antiguos también, se te haya pasado por la cabeza sustituir las ventanas con puente térmico del edificio histórico por unas estupendas ventanas eficientes modernas: ve desechando esa idea.

Las ventanas forman parte de la fachada y es muy probable que estén protegidas por las normas.

Por mucho que quieras justificar que una ventana nueva va a tener menor puente térmico, en este caso lo que importa no es eso, sino el valor histórico y artístico de la ventana existente; y no su eficiencia energética.

 

Segunda fachada hacia el interior.

Si el grado de protección del edificio te lo permite, a veces es una solución crear una segunda fachada detrás de la existente, hacia el interior, con elementos técnicamente más avanzados.

Por ejemplo, puede que esté permitido colocar una segunda ventana detrás de la actual de valor histórico, de tal manera que evite los puentes térmicos generados por ella: pero también puede ser que no esté permitido.

Depende de cada normativa y de los grados de protección.

 

Suelos, techos, acabados y particiones interiores.

Una vez más, dependiendo del grado de protección, puede ser que te permitan o no te permitan hacer ciertas cosas en tu proyecto de implantación.

¿Quieres que tu oficina tenga suelo técnico, o que tenga una moqueta fonoabsorbente…?

Pues puede ser que el pavimento de tu oficina esté protegido, y que sea de madera crujiente o de terrazo (o mármol) resbaladizo y con un nivel de reverberación patente a cada pisada de cualquier persona… te dará igual, no podrás modificar el suelo.

Lo mismo ocurre con los techos, que pueden estar protegidos y no te dejen instalar un falso techo (tendrías que taladrar el techo para colgar los soportes del falso techo)…

Si quieres forrar las paredes con materiales tipo pizarra para poder usar rotuladores y fomentar la creatividad y la productividad… es posible que tampoco puedas, si los paramentos están protegidos.

Por supuesto, si te has planteado que en la distribución interior de tu oficina sobra algún tabique existente, es más que probable que no te esté permitido (suponiendo que técnicamente sea viable sin afectar a la estructura portante) quitarlo.

Pero no es solo eso, piensa que si el suelo y el techo están protegidos, te será muy complicado instalar cualquier tabique nuevo, porque los dañará…

Sin embargo, a veces el grado de protección del edificio permite adecuar mucho el interior, siempre y cuando se respeten las fachadas y (por supuesto) la estructura portante del edificio.

 

Nota: tienes que justificar lo que haces.

Si estás implantando tu oficina en un edificio histórico con un cierto grado de protección, tienes que justificar que tu proyecto respeta esos grados de protección.

Y esto implica que los organismos de control suelen ser más, dependiendo del país o la ciudad.

Es decir, si para tu adecuación tienes que solicitar licencias de funcionamiento, de actividad, de obras, etc… en estos casos necesitas también que organismos no directamente relacionados con estas áreas de acción te den la aprobación para proceder.

Por tanto, si existe un trámite determinado para solicitar una licencia de obras, y lo concede un cierto organismo en un cierto tiempo, en este caso es muy probable que tengas también que presentar justificaciones de lo que haces a otros organismos, más relacionados con la Cultura, la Historia, o el Arte, que habitualmente no intervienen en los procesos de tramitación de licencias para obras.

 

Por tanto, ¿es imposible una oficina eficiente en un edificio histórico?

Estrictamente hablando, no es imposible.

Pero sí que tienen que darse las circunstancias para que sea posible.

Si el edificio tiene un grado de protección muy alto, que afecte a la envolvente y al interior, es probable que sea más difícil lograr el resultado de eficiencia que buscas.

Sin embargo, puede ser que el edificio, aunque sea antiguo, tenga características arquitectónicas que sean muy favorables para conseguir una oficina eficiente.

 

Cada caso es diferente.

Como es lógico, en este artículo nos dejamos muchas cosas por explicar, y aunque escribiremos más acerca de este tema, la casuística es muy grande, y cada caso es muy específico.

Si estás valorando implantar tu oficina en un edificio histórico, y quieres saber, de ese edificio en concreto, de tu caso en concreto, cuáles son las posibilidades que tienes, contacta con nosotros para que te ayudemos.

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