Cuando el exceso de silencio en la oficina es un problema

silencio en la oficina

El exceso de silencio en la oficina puede generar una serie de inconvenientes para las personas que trabajan en ese espacio, como pueda ser un cierto nerviosismo o la sensación de tener demasiadas distracciones, o molestar al hacer el propio trabajo.

 

Siempre se habla del ruido.

Lo que te encuentras habitualmente es la queja de que un espacio de trabajo tiene demasiado ruido, y que eso impide a los trabajadores concentrarse en sus tareas.

Esto ha llevado desde siempre a un esfuerzo por trabajar el aislamiento acústico, para que el sonido generado por unos no moleste a otros.

 

El ruido de las instalaciones.

No solo las personas generan ruido en una oficina, sino que también están las instalaciones.

Si excluimos los lugares específicos de generación de ruido, como puede ser la sala de servidores, la cocina o incluso la reprografía, lo habitual es que la queja fundamental por ruido de instalaciones se refiera a la instalación de climatización o a la de ventilación.

 

Las conversaciones en Open Space.

Precisamente, una de las mayores críticas hacia el modelo de Open Space en la oficina, donde se disponen puestos de trabajo en abierto, sin paredes, es que el exceso de ruido impide la concentración en el trabajo.

En este caso, la mayor fuente de ruido suele proceder de las personas, cuando conversan entre sí (una de las razones de ser del Open Space es la comunicación directa entre compañeros, precisamente) o cuando están hablando por teléfono.

 

Cuando se logra el silencio ambiental, aparecen los nervios.

Es curioso, pero cuando se evoca al silencio es bastante normal pensar en un paisaje, aire puro, una persona disfrutando de la calma…

Pero resulta que en una oficina es diferente

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El exceso de silencio en la oficina puede paralizar el dinamismo de la actividad.

 

Piensa en un lugar silencioso que te vega a la mente, como pueda ser una biblioteca.

Cuando entras, encuentras a un montón de personas concentradas en su lectura, y no hay ruido.

Si entras en la biblioteca hablando con alguien, al entrar te callas, para no interrumpir la concentración de los demás.

Incluso parece que tus pasos al andar suenan demasiado.

 

Piensa en un lugar no tan silencioso, como una cafetería.

Entras a una cafetería hablando con otra persona, o hablando por teléfono, y dado el nivel de ruido ambiental, no tienes reparos en seguir con tu conversación (incluso puede que tengas que elevar el volumen de tu voz para entenderte con tu interlocutor).

 

Ahora, piensa en la oficina.

Estás en la oficina, todo el mundo está hablando por teléfono o con los compañeros allí presentes, y hay un cierto nivel sonoro.

Tienes que llamar por teléfono a alguien, y simplemente lo haces, hablas con normalidad, cada cual está a sus cosas.

Pero imagina la misma oficina, en completo silencio.

Cada cual a sus cosas, pero concentrado con el ordenador o los papeles: nadie habla.

Si tienes que llamar por teléfono, te lo piensas antes de hacerlo, pues te da la sensación de que vas a molestar.

Del mismo modo, cuando un compañero habla, sea con otro compañero allí presente o por teléfono, te molesta mucho más que cuando hay bullicio, porque resulta que su conversación te resulta completamente inteligible.

 

Cuando todos hablan, no se entiende nada.

Si todos están hablando, las conversaciones se solapan entre sí, y no se entiende nada de lo que están hablando, por lo que no desvían tu atención.

Sin embargo, si hay silencio y alguien habla, se escucha perfectamente, se entiende perfectamente y sí que desvía tu atención en un grado mucho mayor.

 

El exceso de silencio puede provocar un ambiente demasiado cargado.

Hay oficinas en las que incluso se consigue que el sonido de las instalaciones (también las de climatización y ventilación) desaparezca.

La sensación que provoca tanto silencio en la oficina es de que no hay libertad, sino que el ambiente está cargado de demasiado peso.

Te da la sensación de que si hablas, molestas; si se te cae el bolígrafo, molestas; si habla un compañero, te molesta; si mueves la silla, lo haces despacio para que no suene mucho…

 

La sensación de ser escuchado sin quererlo.

Pero el problema fundamental que provoca el exceso de silencio en la oficina es la sensación de ser escuchado por todos al hablar con otras personas.

En general, cuando llamas a alguien por teléfono, aunque no sea una conversación con alto grado de privacidad por el motivo que sea, siempre es una conversación privada entre tú y tu interlocutor, y te molesta que la gente alrededor esté escuchando lo que hablas.

Pero no solo es una cuestión de llamadas telefónicas, sino que esa comunicación directa que se busca con los espacios en Open Space entre compañeros se reduce también mucho, porque naturalmente no te agrada que los demás estén escuchando lo que hablas con quien esté en la mesa de al lado (y si todo está en silencio, te oyen, te entienden, y acaban por prestar atención o por verte como una molestia).

 

Te vas a hablar a otro sitio.

Es habitual que, cuando tienes esa sensación de falta de privacidad, te vayas a hablar por teléfono a otra parte.

Piensa en cuántas oficinas has visto donde la gente se acumula en las escaleras del edificio o en los halls para hablar desde su teléfono móvil.

Al haber un mayor nivel de ruido, la sensación de que los demás estén escuchando se reduce mucho o incluso desaparece.

 

El ruido ha provocado relajación.

Como ves, resulta que si llamas por teléfono en una sala donde todos están en silencio, llamas con tensión.

Sin embargo, al salirte a la escalera a hablar por el teléfono móvil donde hay más gente haciéndolo y hay más ruido, hablas con más tranquilidad.

 

Aumento inducido del nivel sonoro en la oficina.

Para evitar el exceso de silencio en la oficina, es cada vez más habitual incluir una instalación de sonido para que haya un ruido de fondo, lo más agradable posible, y así estar en un nivel de confort que permita la relajación de la que hemos hablado.

Hay quien prefiere música, quien prefiere sonidos… eso ya es particular de cada caso, pero el objetivo es el mismo.

 

Evita los excesos.

Como vemos, todos estos problemas se generan por llegar a situaciones de exceso.

Si hay demasiado ruido, es muy difícil trabajar y concentrarse… pero sin hay demasiado silencio, puede que también resulte contraproducente.

Lo que mejor funciona está en algún punto intermedio.

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