Qué dice tu contrato de alquiler de local para oficina para cuando te vayas.

Condiciones del contrato de alquiler del local de oficina para cuando te marches.

Presta atención desde el principio a las condiciones que marca tu contrato de alquiler para cuando te vayas del local de oficina.

 

Por fin has llegado a un acuerdo con el propietario del edificio, firmas el contrato, te instalas, comienzas tu actividad…

Con el tiempo, tus circunstancias cambian y decides dejar ese edificio para marcharte a otro…

…y entonces te llevas las sorpresas que no esperabas.

Vamos a ver cómo evitarlo.

 

El contrato de alquiler del local no termina con la instalación.

Esta es la clave de todo.

Es un error pensar que el contrato de arrendamiento del espacio que vas a usar para tu oficina solo se refiere al tiempo en el que vas a estar desarrollando tu actividad en él.

No suele ser así.

En muchas ocasiones, hay unas condiciones estipuladas en algunas cláusulas que explican qué tienes que hacer cuando te quieras marchar.

 

Presta atención a los sobrecostes inesperados.

El principal problema con el que te puedes encontrar si no tienes en cuenta las cláusulas de las condiciones para tu salida es tener unos costes con los que no contabas, y esa es una sorpresa que nadie quiere tener.

 

Veamos un ejemplo de sobrecostes sorpresivos.

Alquilas un local en el que vas a implantar tu oficina.

Antes de entrar a trabajar, necesitas hacer un proyecto y una obra de adecuación de ese espacio que has alquilado.

Dicho espacio te lo encuentras en unas ciertas condiciones de partida:

  • No tiene tabiques
  • No tiene pavimento
    • Está el suelo técnico visto
      • Sin cajeados para cajas de mecanismos
  • Todas las paredes perimetrales pintadas de blanco
  • El falso techo tiene una distribución de las luminarias uniforme, idónea para un espacio vacío y sin tabiquería
  • Los detectores de incendios están en cantidad y disposición idóneas para un espacio vacío y sin tabiquería.
  • Las rejillas y los difusores de las instalaciones de climatización y de ventilación están en su posición óptima para dar servicio a un espacio diáfano.

A partir de aquí, haces tu proyecto y procedes con los trabajos de obra, adecuando todo lo que sea necesario para que tu espacio de oficina quede funcional para ti.

Como quieres que la oficina tenga un cierto grado de representatividad, y además has visto en revistas y redes sociales que las empresas hacen unas oficinas muy visuales y que salen en las revistas de arquitectura, optas por quitar ese falso techo que no te gusta y poner uno mejor, cambiar las luminarias por otras mejores, revistes las paredes de diversos materiales, etc.

 

Resulta que tus circunstancias cambian.

Al cabo de un cierto tiempo (un año, dos años, tres años… depende del plazo que hayas firmado), el local se te queda pequeño porque necesitas contratar más gente, y ahí ya no cabe nadie más.

Así que haces tus números, buscas otro edificio con un espacio más grande y decides trasladar tu oficina allí.

Tú ya cuentas con que vas a tener costes de mudanza y también costes de implantación (nuevo proyecto, nueva obra…) y ves que… con dificultades, pero llegas a ello gracias a que el propietario del nuevo edificio te otorga un período de carencia (un tiempo de cortesía, por así decirlo, en el que no pagas alquiler, y que te sirve para mitigar el coste puntual de los gastos de implantación iniciales) suficiente para poder hacerlo todo.

Así que comunicas a tu arrendador, con el plazo de antelación estipulado en el contrato o en la Ley del sitio en que estés, que te marchas.

 

¿Dónde está el coste inesperado?

Entonces, el propietario del edificio te muestra una parte del contrato en la que no reparaste en su día, y resulta que dice que, tras tu marcha del local, dispones de un plazo determinado (imagina 30 ó 60 días, por decir algo), para dejar el local en las mismas condiciones que cuando llegaste a él.

Ahí está la sorpresa, el coste que no esperabas.

Tú ya sospechabas que tal vez tuvieras que demoler los tabiques que has puesto para tus salas y despachos, pero esto es mucho más.

Resulta que tu contrato dice que tienes que dejar el local igual que lo encontraste (puedes volver a la lista que pusimos arriba: paredes perimetrales en blanco, falso suelo sin cajear, difusores y rejillas distribuidas de una cierta forma, iluminación artificial, protección contra incendios…).

Te encuentras con que no solo tienes que demoler y desmontar todo lo que has hecho, sino que tienes que reponer todo lo que quitaste, rompiste, modificaste o moviste.

Todas las baldosas de suelo técnico agujereadas las tienes que sustituir por unas nuevas.

El falso techo que quitaste lo tienes que volver a poner, y además, resulta que es un modelo que se fabricó específicamente para ese edificio y que tiene un coste de fabricación especial.

Etc., etc., etc.,

Coste, coste y coste… y no lo tenías contemplado por ningún lado.

 

Te interesa que el coste no sea inesperado, y si puede ser, que sea más bajo.

Si nos basamos en el mismo ejemplo que estamos siguiendo, imagina que cuando firmaste el contrato de alquiler del local ya eras consciente de estas cosas, y prestaste atención a las condiciones de tu marcha del local en el futuro.

Pueden ocurrir 3 cosas, en general:

 

1-El coste no es sorpresivo.

Si tú ya sabes que vas a tener esos costes, los consideras para todo aquello que vayas a hacer.

Por ejemplo, si estás negociando un período de carencia del alquiler del local en otro edificio, sabes hasta dónde necesitas para que la operación del traslado sea económicamente viable para ti.

En el caso que hemos expuesto, el coste sorpresivo de tener que dejar la oficina como estaba antes de que llegaras hace que no te alcance el dinero para poder hacer el traslado como tenías previsto.

Conocer estos costes con antelación es muy importante para ti.

 

2-Puedes negociar las condiciones antes de firmar.

Si las condiciones que te impone el propietario, contractualmente hablando, para cuando te vayas del local te parecen excesivas, siempre es mejor momento para negociar antes de firmar el contrato que después de haber firmado, está claro.

Del mismo modo que negocias el coste del alquiler, las plazas de aparcamiento, y otro sinfín de cosas, también puedes negociar las condiciones de salida, y puede que logres una mejora (o no, dependerá de la negociación).

2.1-No siempre las condiciones de partida en el contrato son tan tajantes como las del ejemplo.

Hay puntos intermedios.

Puede que te obliguen a reponer el falso techo pero no el suelo técnico (o al revés), que te permitan dejar la tabiquería puesta.

Por ejemplo: si el arrendador tiene ya a un posible inquilino para ocupar el local una vez te marches, puede darse la circunstancia de que le interese que dejes algunas cosas ya hechas, porque supondrán un ahorro para él en su proyecto de implantación.

Si tú has hecho 2 despachos y 3 salas de reuniones, y a la empresa que entra le valen, podrías negociar con el arrendador el no desmontarlas.

 

3-Puede influir en tu proyecto de implantación.

En el ejemplo que hemos puesto, si hubieras sabido que ibas a tener que volver a instalar el falso techo cuando te fueras, tal vez no lo hubieras cambiado tan alegremente.

Y si, además, hubieras sabido que, aunque a ti no te gustase mucho, es una fabricación especial para el edificio y que reponerlo tiene un coste también especial (especialmente elevado), tal vez te hubieras contenido en tu proyecto con los falsos techos.

Lo que quiero decir es que, si sabes que vas a tener que volver a dejar todo como estaba, puede haber cosas en tu proyecto de implantación que hagas de otra manera, poniendo en una balanza la necesidad de hacerlo y también el coste de deshacerlo cuando te vayas.

 

Conclusiones.

Es muy habitual que los contratos de arrendamiento incluyan condiciones para cuando te vayas del local.

Estas condiciones implican costes para ti.

Si no conoces la existencia de estos costes, te llegarán de manera sorpresiva en el peor momento.

Si los conoces desde el principio, no solo puedes considerarlos en tus cuentas, sino que puedes intentar reducirlos mediante negociación con tu arrendador (antes de firmar el contrato) o mediante tu planteamiento de tu proyecto de implantación en el local, ya teniendo en mente que, cuando te vayas, tiene que quedar todo como estaba.

 

Cuéntanos tu caso.

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