Análisis para comprar o alquilar una vivienda en el campo o en un pueblo.

Una vivienda en un pueblo o en el campo puede ser una buena opción, tanto alquilar como comprar, si lo analizas bien (Imagen Original de Jörg Peter).

¿Por qué siempre que se piensa en una vivienda hay que pensar en las grandes ciudades?

¿Te has planteado que existe la posibilidad de vivir en el campo, o en un pueblo, sin tener por ello que renunciar a tu trabajo?

Vamos a analizarlo, quién sabe si te acaba interesando:

Una vivienda en el campo o en un pueblo, pero conectada.

Actualmente, te puede dar la sensación de que cualquier lugar tiene cobertura de Internet, de líneas de telefonía móvil…

Pero no es así.

La conectividad y las comunicaciones no son buenas, o incluso no existen, en muchas zonas fuera de las grandes ciudades.

Si quieres trabajar desde tu casa, o incluso establecer una oficina en una zona rural, puedes encontrarte con este problema.

Cada vez, la demanda de velocidad y capacidad de transmisión a través de Internet es más grande, y las instalaciones que lo hacen posible han de ser más potentes.

Simplemente, el hecho de que cada vez más se tienda a ver la TV de pago, a través de sistemas de streaming, a la carta, implica que una parte del ancho de banda del Internet de tu casa está dedicado a la televisión, y cuanto mayor sea la definición y la calidad de la imagen y el sonido que quieras tener, más velocidad de transmisión necesitarás.

No solo esto, sino que, si el pueblo al que vas es pequeño, puede que no tenga sucursal bancaria, tal vez tampoco un cajero automático.

Poco a poco (o no tan poco a poco), la interacción con tu banco va siendo cada vez más a través de Internet, incluso a través de Apps para móviles, de modo que tener una buena conexión a Internet es importante.

Pero, en muchos pueblos y zonas rurales, no hay tales telecomunicaciones.

Incluso hay problemas para tener cobertura con el teléfono móvil, tanto de voz como de datos (3G, 4G, 5G…).

Elevados costes de telecomunicaciones.

La escasez de servicio eleva los costes.

Te puedes encontrar con que, en el pueblo al que vayas, solo haya un único proveedor de telefonía o de Internet, y que, además, solo ofrezca algunos de los servicios de su portfolio.

Esto puede suponer que tengas que pagar mucho, y además que las prestaciones del servicio no sean buenas.

Al no tener alternativa, puede que el proveedor de servicio se aproveche de la situación, y te cobre mucho más que en una ciudad.

En una ciudad, hay competencia entre operadores de Internet y telefonía, y por ello obtienes mejores prestaciones a precios más bajos, pero en un pueblo, puede que no exista esa competencia, y que el precio sea el que fije el único operador que preste servicio allí.

No solo para actividad rural.

El hecho de que te vayas a vivir a un pueblo no significa que te tengas que dedicar a la agricultura o a la ganadería, si no es tu intención.

Al contrario de lo que sucede en las ciudades, en los pueblos se puede elegir entre actividad agrícola o ganadera, o actividad laboral «tipo ciudad».

Para poder trabajar viviendo en un pueblo, tienes 2 opciones:

  1. Tener una ciudad cerca, y desplazarte a trabajar allí diariamente.
    1. Implica tener buenas comunicaciones de transporte, público colectivo o privado individual.
  2. Tener un trabajo flexible o teletrabajar, que te permita trabajar desde tu casa.
    1. Implica tener unas buenas condiciones de telecomunicaciones de Internet y telefonía móvil.
    2. Implica tener un suministro energético estable.

Teniendo buenas comunicaciones y suministro eléctrico estable, puedes plantearte teletrabajar, o al menos reducir tus visitas a la oficina, y seguir con tu actividad laboral «cosmopolita» desde el pueblo.

La calidad ambiental del entorno rural puede ser muy alta.

Desde luego, si te gusta el aire puro para tus pulmones, en una gran ciudad lo vas a tener más complicado que en un pueblo.

Esto no quiere decir que en los pueblos no haya inconvenientes ambientales y medioambientales.

Por ejemplo, cuando es la época de abono, puede que el olor en todo el pueblo sea desagradable durante unos días, o si te pilla ganado cerca, o una granja cerca de tu casa, también puedes tener problemas de olores.

La cantidad y la contundencia de los «bichos» es mayor que en las ciudades.

Si eres de ciudad, y te vas a vivir a un pueblo o al campo, puede que veas por primera vez algunos insectos, arácneidos, himenópteros, y coleópteros que te asusten.

Eso es normal, y también es algo que, con el paso del tiempo, a base de costumbre, deja de ser un problema.

A mucha gente le pasa que llega de la ciudad, cree que sabe lo que es una araña, y en el campo descubre que hay muchos más tipos de los que conocía, y que alguna de las arañas le asusta al principio más de lo que pensaba.

Lo mismo ocurre con los reptiles, que prácticamente no existen en las ciudades, pero que no son tan extraños en los pueblos, y que pueden ser peligrosos, especialmente los que tienen veneno en la mordedura.

Quienes han vivido desde siempre en pueblos, están acostumbrados a vivir con animales más o menos cerca, y tienen una cierta idea de cuáles les resultan amenazantes y cuáles no.

A quienes llegan de la ciudad, todos los animales les parecen peligrosos al principio.

Cabe reseñar que los bichos no solo están fuera de casa, sino que debes dar por hecho que también tendrás bichos dentro de tu casa, especialmente si es de nueva construcción.

El silencio te puede sorprender.

¿Has oído alguna vez la expresión de que en los pueblos «se oye todo»?

Pues se debe a que no hay «ruido de fondo».

En una ciudad, estás acostumbrado/a a tener siempre ruidos de fondo, de coches pasando, de locales de ocio, de gente hablando, de música…

Si sales a la calle, y hay dos personas conversando a 20 metros de ti, es difícil que puedas oír su conversación.

Pero en los pueblos, es justo al contrario.

No hay ruido de fondo, sino que hay silencio en el ambiente.

Y esto implica que se oyen cosas que pueden estar mucho más lejos de lo que tu oído «de ciudad» está acostumbrado a oír.

De hecho, puede que en las noches de verano estés oyendo conversaciones de vecinos paseando, o incluso de algunos que están en la terraza o en el porche de su casa, a varias calles de distancia.

Es porque el ambiente está en silencio.

Alergias a plantas.

Pues no es cosa de poco.

Antes de comprar una casa en un pueblo, y menos aún, en el campo, deberás tener la mayor certeza que puedas de que no hay plantas en tu entorno que te produzcan alergia.

Si llevas toda tu vida en la ciudad, puede que ni siquiera hayas estado cerca de algunas plantas, y que no sepas que te producen alergia.

Te puede ser muy complicado llevar una vida normal si tu entorno botánico te impide respirar con normalidad.

La Sanidad, servicio básico.

Es importante tener servicio médico cerca.

Puede ser en el propio pueblo, o cerca, pero no lejos.

Puede sonar raro, pero debes pensártelo dos veces antes de irte a vivir a una zona rural que no tenga servicio médico.

Tener servicio médico no significa tener un local o un edificio que sea el consultorio médico o Centro de Salud.

Significa que funcione, que haya profesionales de la Medicina dando servicio.

Hay pueblos que no tienen médico, o pueblos cuyo servicio médico es irregular, visitas breves de algún médico algún día a la semana…

En los pueblos y zonas rurales también hay enfermedades, y también se necesitan los servicios médicos.

Es así, que no te convenzan de los contrario.

Por tanto, antes de comprar o alquilar una casa en un pueblo o en el campo, debes valorar cómo está la cobertura sanitaria en la zona.

La exposición a las inclemencias del tiempo.

Las ciudades suelen formar, en sí mismas, una protección ante las lluvias, la nieve, el viento…

De hecho, es habitual que las ciudades grandes se desarrollen en lugares poco afectados por grandes inclemencias del tiempo (aunque hay excepciones, incluso grandes ciudades edificadas sobre fallas tectónicas con grandes riesgos de terremotos).

Los pueblos suelen estar en zonas de montaña o de costa, y tu casa estará, en general, más expuesta al frío, al viento, a la lluvia y a la radiación solar.

De hecho, si es un pueblo de montaña, verás que tus vecinos más antiguos suelen estar preparados por si tienen que pasar unos días en casa, por alguna nevada que ponga la actividad complicada, o alguna otra circunstancia meteorológica.

¿Quiere esto decir que el clima es distinto?

No necesariamente.

¿Quiere decir que el tiempo meteorológico sea peor en los pueblos que en las ciudades?

No.

Es una circunstancia habitual que las casas, al ser menos, estén más expuestas a las inclemencias del tiempo, y debes saberlo.

La seguridad y la policía.

Seguramente, si hablas de este asunto con varias personas, cada una tendrá una opinión diferente.

Se tiene la idea de que los pueblos son más seguros que las ciudades, porque hay menos población, la gente se conoce, y hay menos incidencias.

Pero, por otro lado, hay pueblos en los que ni siquiera hay policía local, y en caso de tener que llamarlos has de recurrir a la policía que tenga jurisdicción para actuar en tu pueblo, que tendrá que venir desde otro sitio.

Para personas de ciudad, esto puede provocar una sensación de desprotección, y has de analizarlo bien antes de trasladarte a vivir allí.

El precio de la vivienda en el campo o en entornos rurales y pueblos es más bajo que en las ciudades.

Tanto para comprar como para vender, en cada momento.

Es decir, en el momento en que compras la vivienda, si es de precio más bajo porque está en un pueblo, también tiene menos valor patrimonial para ti, y si la vendes, no podrás venderla por mucho dinero.

Repito: en el mismo momento.

Si piensas en términos de largo plazo, no es fácil saber si tu vivienda subirá de valor, o bajará de valor, o se quedará con el mismo valor.

En cuanto a los alquileres, es exactamente igual, suelen tener un precio más bajo que en las ciudades.

Si eres arrendador, podrás cobrar menos por el alquiler; si eres arrendatario, pagarás menos por el alquiler.

Que el precio de las viviendas del pueblo suba o baje suele depender de circunstancias externas al propio pueblo, o puede depender de cambios en el pueblo, no de tu casa.

Me explico.

Si al lado de tu casa el pueblo construye una piscina municipal, o un museo, o una plaza, o cualquier equipamiento urbano, tu casa subirá de valor, aunque tu casa sigue siendo la misma.

Si al lado de tu casa se instala un vertedero, o una depuradora de agua (de las que huele mal), tu casa bajará de valor.

Puede ser que se incremente el número y la frecuencia de autobuses interurbanos que paren en el pueblo y lo conecten con otros sitios (sube el valor), que se construya una nueva carretera que facilite las comunicaciones terrestres (sube el valor)…

Pero también puede ser que en otro pueblo cercano se inaugure un hospital (aumenta la dotación sanitaria, sube el valor), o que instalen un vertedero supraurbano cerca del pueblo (baja el valor).

Puede que se vayan saturando los pueblos que estén más cerca de las ciudades: tal vez ahora la gente considere que tu pueblo «está lejos» (lejos de dónde: de la ciudad), y prefiera irse a pueblos más cercanos.

Pero el tiempo puede saturar esos pueblos que están «más cerca», y entonces tu pueblo se empiece a contemplar como que «ya no está tan lejos», y subirá el valor de tu casa.

La calidad de la vivienda y su precio.

Hemos hablado del entorno, de los servicios, de la ubicación…

Vamos a hablar de la casa en sí.

En general, el Mercado Inmobiliario suele establecer que las viviendas en ciudad son de precio más alto, y según te vas alejando de las ciudades, van siendo de precio más bajo.

También te encontrarás con que la calidad de las viviendas de la ciudad suele se más baja que las de las viviendas en zonas rurales.

Es algo muy habitual, aunque no es algo matemático, ya que puedes encontrar viviendas de baja calidad en los pueblos, y viviendas de alta calidad en las ciudades.

Pero la disyuntiva que te vas a plantear de manera muy habitual cuando estés dudando entre vivir en un pueblo o vivir en la ciudad es en qué te vas a gastar en dinero:

  1. En la calidad de la vivienda.
  2. En su ubicación urbana.

Esto significa que vas a ver que, según te vas alejando de la ciudad, vas a tener viviendas mejores por el mismo precio que las viviendas de ciudad, pero están fuera de la ciudad.

Y también al contrario: según te acercas a las ciudades, verás que los precios de las viviendas son más altos, y su calidad va bajando, pero están en la ciudad, con los servicios de la ciudad.

Si te planteas comprar una vivienda unifamiliar aislada (algo común en los pueblos) en una gran ciudad, verás que el precio es alto.

Por tanto, si tu modo de vida prefiere una vivienda unifamiliar aislada (tipo chalet), es fácil que tu única opción sea un pueblo (sea el núcleo urbano del pueblo, o alguna urbanización de su término municipal).

¿Construir o comprar construido?

Quienes han vivido siempre en la ciudad no suelen contemplar en sus mentes la posibilidad de construirse su propia casa (no se trata de poner los ladrillos, sino de encargar la construcción de tu vivienda).

La ciudad se comporta como un muestrario inmobiliario en el cual las promotoras construyen lo que estiman que van a vender mejor, y lo comercializan.

Pero en los pueblos, y en el campo, te puedes encontrar con la posibilidad de contratar un arquitecto y una empresa constructora, y construirte tu casa.

Y también tendrás la posibilidad de comprar una casa ya hecha, sea chalet o piso.

¿Por qué existe esta posibilidad?

Por el precio del terreno.

En una ciudad, el precio del terreno es tan alto, que solo sale rentable a las promotoras construir cuantos pisos puedan, y venderlos individualmente.

Sin embargo, en un pueblo el precio del terreno es más bajo, y puede ser que tengas la posibilidad de comprarlo, sin construcción, y construir tu casa después.

El coste de la construcción en sí es parecido en un pueblo y en una ciudad, siempre que el pueblo no tenga dificultades especiales de orografía o de acceso al lugar de la obra.

La diferencia está, por tanto, en el precio del terreno.

Construirte tu casa implica pasar por todo el proceso de comprar el terreno, diseñar la casa, el proyecto de arquitectura, y el proceso de construcción.

Todo eso lleva tiempo, y complicaciones.

Hay quienes no están por la labor de pasar por ello, o simplemente no pueden esperar para entrar a vivir en su nueva casa.

Estas personas tienen que comprar una vivienda ya hecha.

Por cierto, la disyuntiva entre construir y comprar una casa construida tiene lugar si piensas en un chalet, y no tiene lugar si buscas un piso en un bloque de pisos, ya que ahí solo tendrás la opción de comprar uno ya construido (o sobre plano, pero no podrás hacer tu piso).

El suministro eléctrico de tu casa en un pueblo.

Es posible que el suministro eléctrico en tu pueblo sea más inestable que en una ciudad.

Por eso, es útil instalarte un SAI en tu vivienda.

Un SAI (Sistema de Alimentación Ininterrumpida) conlleva unas baterías, y tanto la potencia del SAI como su duración de servicio la tendrás que dimensionar en función de tu caso particular.

El SAI hace que, ante un corte de suministro eléctrico de la compañía suministradora, aquellos circuitos o elementos que estén conectados al SAI, pasen a funcionar tirando de la batería, de manera automática y prácticamente inmediata.

Es decir, los aparatos conectados al SAI, ante un corte de suministro eléctrico por parte de la compañía suministradora, no se apagan, siguen funcionando.

Es diferente de lo que ocurre con generadores de emergencia.

En ese caso, hay apagón, y luego, cuando arrancan los generadores, vuelve a haber suministro eléctrico.

Una vivienda rural, sobre todo cuando la vive alguien que viene de la ciudad, suele tener un consumo eléctrico mayor que en las ciudades.

Suelen ser más grandes que los pisos de ciudad, y ello implica más iluminación (incluso exterior), mas volumen de aire a calentar o a refrigerar (consumo HVAC de aire acondicionado y de calefacción (si es eléctrica, también es consumo eléctrico))…

La generación eléctrica autónoma en tu casa de campo o de pueblo.

Si vives en el piso 5 de una torre de 10 plantas en una ciudad, pensar en generar la electricidad para el consumo de tu casa no tiene mucho sentido.

Como mucho, podrás pensar en una instalación comunitaria de generación, y repartir beneficios entre todas las viviendas.

Pero en una vivienda de pueblo, y sobre todo, de campo, puede ser que tengas espacio para una instalación de generación eléctrica, sea para autoconsumo (no está permitido legalmente en todas partes), sea para vender tu producción eléctrica a la compañía eléctrica (más común).

Existen muchas opciones, y tendrás que estudiar tu caso particular.

Molinos de viento domésticos, paneles fotovoltaicos solares, energía geotérmica…

Es una posibilidad que en la ciudad es más difícil.

Conclusiones.

Es una opción real, y puede serte muy válido irte a vivir a una casa de campo o a una casa de pueblo.

Pero, como con todo, es bueno que analices tu caso particular, veas si te interesa, si puedes solventar los problemas, si solventar los problemas te va a resultar difícil o fácil.

Espero que esta exposición te sirva un poco de guía para anticiparte a alguna circunstancia que pudiera sorprenderte, antes de que se produzca.

Un saludo.

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