¿Puedes aumentar la eficiencia energética de tu oficina?

Aumentar la eficiencia energéticaTe explicamos

En este artículo vamos a encuadrarte la realidad de las medidas para aumentar la eficiencia energética de tu oficina o del espacio de trabajo que ocupes, para que lo tengas lo más claro  posible.

 

El punto de partida.

Siempre que se emplean términos relativos, como “aumentar”, “ahorrar”… tiene una relevancia especial conocer el punto de partida.

No te lances directamente a hacer algo porque hayas leído titulares que prometen unos porcentajes de ahorro enormes, así porque sí.

Dependiendo de tu caso concreto, y de cuál sea la situación de la que partes, será más o menos factible actuar de una manera u otra para incrementar la eficiencia energética de tu espacio de trabajo.

 

Importancia en coste.

Habitualmente, el gasto en energía está entre el segundo y el tercer lugar en el ranking de mayores costes de una empresa.

Por eso, entre otras cosas, se le presta tanta atención, ya que variar un porcentaje un paquete de gasto elevado, tiene relevancia para las cuentas de la empresa.

No solo coste.

La eficiencia energética tiene un componente ecológico importante, ya que la producción de la energía tiene unas consecuencias medioambientales negativas, y aprovechar mejor la energía producida reduce la necesidad de producir más para lo mismo.

 

Lo mismo, pero por menos.

Aumentar la eficiencia energética de tu oficina no significa que tengas que apagar las luces y caminar a oscuras por ella para reducir tu factura eléctrica, sino conseguir reducir tus costes para la funcionalidad que requieres.

 

Analizar lo no necesario.

Sin menoscabo de lo anteriormente dicho, también es probable que, si lo analizas, encuentres que tienes algún consumo energético que directamente puedas suprimir por no aportarte nada.

No es cuestión tampoco de gastar energía porque sí.

 

Sé realista.

Hay artículos que proponen medidas de ahorro energético para las oficinas que lo único que hacen es que pierdas el tiempo, en el mejor de los casos, focalizándose en puntos cuya relevancia es tan baja que, sin mentir, tampoco te aportan nada.

Si te preocupas por la energía, mira primero aquello que realmente supone un gasto, y no caigas en creer que si se cambia el protector de pantalla de los ordenadores (por ejemplo) vas a conseguir algo interesante.

 

Conocer los costes actuales.

Parece obvio, pero no es habitual.

En EASAEDRO nos encontramos a menudo con que nuestros clientes, cuando se interesan por avanzar en su eficiencia energética, nos entregan las facturas eléctricas de un determinado periodo de tiempo, para que hagamos números.

Vale, eso está bien, por supuesto. Pero es solo una parte, y tampoco creas que te va a aportar demasiada información, más allá de poder analizar la evolución del gasto, ver la estacionalidad y cotejarlo con medidas adoptadas en el pasado para medir su efectividad.

Por ejemplo, si hace 14 meses que habéis cambiado el tipo de iluminación, se puede buscar en las facturas si se ha reducido el consumo eléctrico, y ver si las fechas coinciden con esa medida adoptada…

Pero seguro que, según vas leyendo, vas dándote cuenta de que te falta mucha información.

Imagina que, cuando cambiaste la iluminación a otra más económica, también cambiaste un equipo de refrigeración para tu sala de servidores por otro de mayor eficiencia.

¿Cómo sabes si tu ahorro se debe a la iluminación o a la nueva máquina de refrigeración (por ejemplo)?

Ya vas viendo lo que hay que hacer.

 

Monitorización de consumos.

¿Sabes cuánto consume el ordenador que estás usando en la oficina?

¿Piensas que consume lo mismo en todo momento?

¿Consume más o menos que una de las luminarias que tienes en el techo, o que dos, o que tres…?

¿Cuánto ahorras si se elimina la cafetera de la oficina, en consumo eléctrico?

Está claro que hay un buen número de preguntas que te puedes hacer al respecto, y habrá seguramente algunas (probablemente, muchas) que no sepas responder en este momento.

 

Conocer tus costes cuesta dinero.

No solo porque contrates a quien te haga un estudio, sino porque la eficiencia requiere, en muchos aspectos, invertir… y una de las inversiones debe ser en conocer tus consumos y costes.

 

No puedes evaluar si no puedes medir.

¿Por qué sabes lo que pagas de electricidad cada mes?

Efectivamente, te llega una factura de la compañía suministradora de energía eléctrica en la que se te muestran una serie de costes, de los cuales, alguno (solo alguno) se corresponde con el consumo de energía que has tenido.

Exacto, ya lo tienes claro, todo esto es posible porque existe un contador que te coloca la compañía eléctrica, que arroja el dato de cuántos kW has consumido en cada periodo de facturación. Si consumes más, pagas más en ese apartado del coste.

 

Equipos de monitorización de consumo.

La instalación eléctrica está estructurada, entre otras cosas, por usos, ya que los usos se suelen corresponder con potencias eléctricas demandadas, porque existen reglamentos que obligan a una determinada segmentación por usos, y también porque debe estar identificado cada circuito para evitar accidentes, por ejemplo, en operaciones de mantenimiento o modificación de la instalación.

Así, es probable que tengas uno o varios circuitos eléctricos a los que están conectados los electrodomésticos de la cocina o del comedor (cafeteras, microondas, frigoríficos, lavavajillas… lo que tengáis).

Si pudieras instalar un contador que te dijera lo que gastáis a causa del uso de los electrodomésticos de la cocina, cuando llegase la factura eléctrica del mes sabrías cuánto de ese coste corresponde a la cocina.

Esto es importante, porque a lo mejor estabas pensando en empezar tu plan de acción para incrementar la eficiencia energética de la oficina cambiando el frigorífico por otro que consuma menos, y a la vista de la información que tienes ahora te das cuenta de que no es, tal vez, el punto por el que debas empezar, pues resulta (tal vez sí, hablamos de un ejemplo teórico) que la cocina no es representativa del coste energético de tu oficina.

Por supuesto, si resulta que la lectura de ese contador de la cocina da datos que hablan de consumo relevante, entonces habrá que prestar atención a esa zona desde el principio.

Si no dispones de esta información, es probable que hagas un gasto en cambiar de frigorífico, o de lavavajillas… y aunque sea más eficiente, tu factura eléctrica general de la oficina siga siendo prácticamente igual, y además has gastado el dinero la compra del nuevo equipamiento.

La inversión interesante, para empezar, fue la del contador para los circuitos de la cocina, que te pueden haber ahorrado un gasto en electrodomésticos que no te aporta lo que buscas en este momento.

Como ves, conocer tus costes cuesta dinero, pero también evita gastos erróneos.

 

Más en detalle.

Pero imagina que el contador de la cocina revela que hay un consumo elevado y que sí tiene relevancia actuar en ese espacio para reducir la factura energética de la oficina.

¿Qué haces? ¿Cambias todos los electrodomésticos, o solo el culpable del gasto?

Ya ves por dónde vamos ahora: llevar la información al detalle.

Si la única información que tienes es que “la cocina” consume mucha electricidad, sabes que tienes que actuar sobre “la cocina”, pero puede ser que cambies el frigorífico, y que la factura eléctrica no baje, porque tal vez la causante del gasto sea la cafetera o el lavavajillas…

 

Mitos y realidades.

Existen diversos aparatos de medida para que puedas monitorizar el consumo eléctrico.

Si realizas la monitorización de tu ordenador, y el equipo es capaz de darte información instantánea que puedas trazar en una gráfica y comparar con tu comportamiento y el del ordenador ante diversas acciones, tal vez te sorprendas.

Tu ordenador no consume lo mismo todo el tiempo.

Depende de la tarea que esté haciendo, consume más o menos energía.

Independientemente de otros factores relacionados con el trabajo, vamos a hablar solamente de consumo eléctrico.

Una de las funciones que hace que el ordenador consuma más, es arrancarlo.

Cuando enciendes tu ordenador, verás un pico de subida en tu gráfica de consumos.

Si comparas lo que consume tu ordenador al encenderse con lo que consume mientras está funcionando, o mientras está en modo suspendido, etc… podrás ver que, muy probablemente, apagar el ordenador a menudo, pensando que así ahorras electricidad, lo que provoca realmente es que gastes más, pues el arrancado, al producirse muchas veces, provoca muchos picos de consumo.

Es decir, la información puede modificar tu comportamiento.

Por cierto, podrás ver lo que ahorras si cambias de protector de pantalla, y medidas de esa índole que a veces te recomiendan.

 

No te despistes: instalación y consumos.

Puedes estar pensando ahora que a ti te han dicho que un puesto de trabajo consume 300W, 400W… y ahora resulta que conectas un aparato de medida a tu ordenador y está consumiento 60W… y miras la pegatina de las características y resulta que pone 300W también…

¿Esto qué es?

Esto significa que tu ordenador tiene una fuente de alimentación de 300W (o 400W, o 750W…), que le permite llegar a unos ciertos regímenes de funcionamiento.

Pero, como viste antes, no siempre consume el máximo. De hecho, en un régimen de funcionamiento normal, la diferencia con el límite máximo suele ser notable.

Pero el diseñador de la instalación debe considerar que tu ordenador puede funcionar a 300W, y preparar la instalación para ello.

Además, a cada circuito eléctrico estarán conectados varios ordenadores, y esto es importante para que el diseñador pueda dimensionar correctamente el cableado, las protecciones de los cuadros eléctricos…. todo lo relacionado.

Sin embargo, puede que, a media mañana, midas la demanda instantánea sobre un circuito y sea muy baja… son cosas distintas.

 

¿Sabes qué es un coeficiente de simultaneidad?

Puede que estés pensando que las cuentas que hace el diseñador de la instalación son directamente aritméticas, de tal modo que si va a conectar 15 puestos a un circuito, 15×300=4500W.

Es más ¿Cómo puede decir que considera 300W por puesto, cuando puede ser que alguno de los ordenadores que se conecta al circuito tenga una fuente de alimentación de 400W?

Efectivamente, ya lo estás entendiendo todo: aplica coeficientes de simultaneidad, cuando es posible.

Si los 15 ordenadores se arrancan exactamente al mismo tiempo, todos ellos cargan al circuito la demanda de su potencia máxima, pudiendo colapsarlo y provocar que la protección del cuadro eléctrico salte y apague el circuito.

Pero si se van encendiendo escalonadamente, el consumo de los ordenadores ya arrancados baja, dejando potencia del circuito disponible para el resto que está por arrancar.

Si has tenido ocasión, habrás visto que muchos de los sistemas informatizados de encendido de iluminación van actuando por zonas, progresivamente, no encienden toda la iluminación al mismo tiempo, pues hay luminarias que tienen también un pico de consumo en el encendido que es considerable, y encender todo el edificio exactamente al mismo tiempo puede sobrecargar los circuitos.

Es por este mismo motivo que te hemos explicado aquí, se aplica un coeficiente de simultaneidad, si es posible.

 

¿Cuáles son los focos de consumo eléctrico habituales en una oficina?

De manera habitual, suelen ser 5:

  • Iluminación artificial
  • Climatización
  • Ordenadores de puestos de trabajo
  • Cocina/Comedor
  • Sala COMMS / Sala de Servidores / CPD

 

Puede ser que en tu caso haya más, o tal vez menos, te decimos los más comunes.

Desde luego, no te vamos a decir porcentajes, ya que depende muchísimo de la calidad de los equipos, y también de la actividad de la empresa.

Puede ser que tengas iluminación LED (en cuyo caso se reduce bastante el peso de la iluminación artificial en el consumo), puede ser que tu sala de servidores sea muy pequeña (en cuyo caso el peso de consumos se reduce mucho), o puede ser que te encuentres en una zona de clima severo (en cuyo caso, el consumo de climatización será mayor).

Cada caso se estudia individualmente.

 

Huye de recetas para todos.

El asunto es suficientemente relevante como para dejarse llevar por las recetas que se plantean sin conocer los casos individuales.

Por ejemplo, si los pasillos están iluminados con focos halógenos y los cambias por iluminación LED, el porcentaje de ahorro por consumo puede ser enorme. Pero si tú ya tienes los pasillos iluminados con iluminación fluorescente y cambias a LED, seguirás teniendo ahorro, pero la diferencia de consumo es mucho menor, porque tu punto de partida ya era mejor.

 

No todo es energía.

Cuando se habla de eficiencia energética, se piense en equipos de instalaciones más eficientes, lo cual está bien.

Pero también hay otras cosas, y son muy importantes para todo esto.

Por ejemplo, un elemento primordial para valorar la eficiencia energética de nuestro espacio de trabajo es la envolvente de la oficina, los muros perimetrales, la fachada…

Una fachada que funcione como aislante con el exterior puede significar tener un gasto mucho menor en climatización, por ejemplo.

 

¿Qué puedes hacer?

Estarás pensando que sí, que lo entiendes, pero que tú no has construido el edificio, y la fachada ya estaba ahí cuando llegaste.

Pero puedes hacer cosas.

Puedes colocar cortinas o estores, que reduzcan la entrada de radiación solar al interior en verano, lo que produce un calentamiento del espacio que tendrías que contrarrestar con el trabajo de la instalación de climatización.

Puedes colocar pavimento de temperatura superficial más caliente, que evite el problema de los “pies fríos”, que tanto afecta a la temperatura corporal. Piensa en que no es lo mismo, en invierno, pisar una moqueta que un mármol, aunque la temperatura ambiental sea exactamente la misma…

Como ves, puedes hacer cosas que no son estrictamente de instalaciones, sino que tienen un componente arquitectónico importante, no consumen energía, y contribuyen a la eficiencia energética de manera muy determinante.

 

Calefactores individuales.

No los uses.

Desde el punto de vista que quieras.

  • Eficiencia energética
    • Tienen un consumo muy alto y no son eficientes.
  • Seguridad
    • Si se quedan encendidos pueden provocar incendios al calentar superficies a su alcance.
    • Suelen ser elementos cuyo grado de protección contra derivaciones y cortocircuitos no es muy alto, por lo que pueden provocar calambres y cortocircuitos, con riesgo de calambres para las personas y también de incendios.
  • Funcionamiento eléctrico.
    • Suelen tener protecciones contra derivaciones deficientes (lo dijimos antes)
    • Al tener un consumo alto, estás haciendo sobretrabajar circuitos eléctricos que están diseñados para otra cosa.
      • Recuerda que, si se consideró que cada puesto de trabajo eran 300W y ahora le colocas un calefactor que consume 2500W, provocarás calentamiento de líneas, saltos de protecciones en el cuadro… apagones.
    • Por algún motivo, hay costumbre de enchufarlos a los circuitos de corriente limpia (tomas de enchufe rojas, generalmente), sobrecargando la demanda de SAIs y elementos que están pensados para otras cosas.

 

Si hay un problema con la temperatura de la oficina, se tienen que buscar soluciones reales y que funcionen. Los calefactores individuales no lo son.

 

Abordar el problema.

Como ves, si quieres incrementar la eficiencia energética de tu oficina debes hacer algo más que ver las facturas eléctricas de los últimos 3 años (por ejemplo).

Debes definir el grado de detalle que estás en disposición de trabajar, ver opciones de monitorización, opciones arquitectónicas, de instalaciones, posibilidades de inversión, de amortización, retornos de esas inversiones… y sobre todo, ver todo esto en tu caso particular.

Nosotros, en EASAEDRO, abogamos por que todo esto lo hagas internamente, con nuestra ayuda, antes de salir a buscar productos directamente que pueden funcionar muy bien para otros pero, tal vez, no tanto para ti.

Debes considerar que hacer esto bien (hacerlo mal sí que supone un gasto que no sirve para nada) conlleva una dedicación, un tiempo y un coste. Si lo haces en solitario, es probable que acabes por ver que tu actividad habitual se resiente demasiado, y también te llegue el agobio de todas las dudas y minidudas que surgen por el camino.

Por eso, te proponemos que lo abordes con nosotros, internamente, para ver qué es lo que más te conviene. Lo trabajamos contigo.

 

Quién hace la inversión.

El caso más habitual de las oficinas es que hay una empresa que ocupa un espacio en régimen de alquiler.

Esta empresa, que es el Inquilino, trata con una agencia de Property Management o una inmobiliaria, que representa al Propietario; o tal vez, el Inquilino trata directamente con el Propietario (aunque esto es menos habitual).

En términos monetarios, las inversiones en aumentar la eficiencia energética de la oficina se hacen para reducir el gasto corriente en energía eléctrica (o de otras fuentes, que también se hace, y hablaremos de ello en otros artículos).

Es decir, empleas ahora un dinero, de una sola vez, para reducir el gasto mensual en ese área, de modo que, pasado un tiempo, lo que te has ido ahorrando mes a mes supera al gasto inicial que tuviste que hacer.

Si, pasado el tiempo, el ahorro no ha sido suficiente como para compensar el desembolso inicial, no es económicamente rentable.

Y es esto, precisamente, el mayor problema a la hora de plantear una inversión en incrementar la eficiencia energética de una oficina (en uso).

Piénsalo.

Imagina que has firmado un contrato de arrendamiento por 3 años con el dueño del local (o a través de su representante de Agencia, da igual).

La inversión, te beneficia a ti, porque mes a mes, vas a pagar menos, ya que la factura de la electricidad la pagas directamente a la compañía suministradora.

Pero puede ser, sobre todo si el contrato de arrendamiento por un plazo corto, que no de tiempo a recuperar la inversión. ¿Qué pasa si tú haces números y la inversión la vas a amortizar al 4º año?

Claro, entonces no te interesa, porque no te da tiempo a recuperar el dinero, y puede ser que decidas irte a otro edificio cuando se acabe este contrato.

Pero también puedes interpretar que, cuando te vayas a otro edificio, vas a dejar unas mejoras ya hechas para el inquilino que lo ocupe después.

De hecho, esas mejoras van a permitir al Propietario alquilar mejor el local que si no tiene esa intervención hecha.

Por tanto, no es descabellado pensar que el Propietario pueda pagar la inversión, y que la recuperará en tanto en cuanto el local se revaloriza y se alquila con mayor facilidad (puede que incluso a mayor precio).

Pero, si te das cuenta, todo son suposiciones, por lo que la realidad no es tan bonita. Tú no te quieres comprometer por más tiempo, no quieres pagar algo cuya inversión no te va a dar tiempo a amortizar, y el Propietario no quiere invertir en algo cuyo ahorro en gasto corriente te beneficia solo a ti…

Es un motivo principal por el que, por ejemplo, no todos los edificios de oficinas tienen ya iluminación artificial de tipo LED.

Tú lo estudias y ves que cambiar a LED son todo ventajas: consume menos, es más seguro, más ecológico, más saludable…

Entonces, te preguntas “¿por qué no todos lo tienen?”

Principalmente, es por este motivo, porque el que se ahorra el dinero es quien paga la factura mensual, y sobre todo si el contrato de alquiler es corto, la inversión no le interesa ni al Inquilino (que se va antes de recuperar la inversión) ni al Propietario (que no recibe ningún beneficio en su gasto corriente mensual por hacer esa inversión).

 

Lo que te puedes llevar contigo en el futuro.

Una salida para desbloquear una parte de esta encrucijada es que tú valores lo que te puedes llevar contigo si te vas a otra parte.

¡Ojo, no es tan obvio!

Muchas veces está especificado en el contrato de alquiler en qué estado debe el Inquilino dejar el espacio una vez decida marcharse, y puedes tener sorpresas pensando que te podrás llevar algo que, tal vez, esté especificado en el contrato que no puedes.

Pero una vez revisado esto, puedes ver qué hacer.

En principio, se antoja complicado que puedas desmontar todas las luminarias LED y llevártelas a otra oficina (que tal vez ya las tiene, o que las medidas o el tipo de techo son diferentes…).

Pero, por ejemplo, es bastante probable que las máquinas de aire acondicionado de la sala de Servidores sí te las puedas llevar (los equipos en sí, ya que las líneas frigoríficas no las podrás reutilizar).

Por tanto, una salida posible es centrarte en ver qué puedes hacer en este tipo de elementos, que no requieren del Propietario.

 

La instalación de monitorización de consumos.

Lo que es bastante fácil que te puedas llevar y reutilizar es toda la instalación de equipos de monitorización que hayas instalado, y que te volverá a ser útil en el futuro espacio que ocupes.

Te ponemos un ejemplo directo: si has comprado unas regletas de enchufes monitorizables, te las llevas contigo y las seguirás usando en cualquier otro sitio, y sacándoles rendimiento.

Por eso, invertir en equipos de medida sale rentable.

 

Retornos rápidos.

También existen retornos de inversión rápidos.

Todo depende de la situación de partida, como decíamos antes.

Por ejemplo, si tienes espacios con iluminación artificial de halógenos, cambiar esa iluminación a LED seguramente será rentable, por poco tiempo que tengas de alquiler.

Si no tienes estores o cortinas, instalarlos te va a reducir el uso de la instalación de climatización de manera que es muy probable que recuperes la inversión en estores muy rápido, sobre todo en algunas zonas climáticas, y épocas del año.

Si los números te son favorables, no tienes que contar con nadie. Otra cosa es que quieras negociar con el Propietario, en la medida en que lo que estás haciendo revierte en el valor de su inmueble. Es decisión tuya.

 

La parte ecológica: valores de compañía.

Una cuestión que debe preocuparte como Office Manager o como Facility Manager es actuar de acuerdo con los principios y valores de la compañía en la que trabajas, y a la que estás dando servicio.

No es poca cosa.

Tal vez esto sea suficiente para poner en marcha iniciativas y proyectos, al margen de una mayor o menor rentabilidad económica del proyecto en sí mismo.

Debes conocer los valores de la empresa, para poder actuar de acuerdo a ellos.

Por tanto, si tu empresa se compromete a limitar las emisiones de CO2 a la atmósfera hasta ciertos valores, o a reducir la “huella de carbono” hasta cierto punto, puede ser que, directamente, tengas que tomar medidas para reducir el consumo energético de tu espacio de trabajo, aunque no llegue a salir rentable per sé, porque forma parte de los valores de la emrpesa, y tal vez tenga un rendimiento económico por Imagen o por otras cuestiones más generales.

Tanto es así, que puede que estas políticas de empresa obliguen a abandonar el local actual e irse a otro edificio, o a descartar algunos edificios que te hayan gustado (si estás buscando), porque no se adecúan a lo que la empresa demanda.

Hay muchas empresas que pagan más por instalarse en edificios con certificación ecológica (del tipo LEED, BREEAM, Verde o cualquier otra), calificación energética más alta (A, B, C….); pagan más por sus muebles por que tengan el sello PEFC o el FSC; pagan más por su papel para que sea reciclado… etc.

Es una realidad, y debes conocerla.

Si te parece que este artículo debería profundizar más en algo, o tienes cualquier comentario, dínoslo.

Como te decíamos antes, si podemos ayudarte en algo de esto, no dudes en contactar con nosotros, y hablamos.
 

Leer más artículos

 

Share